• 15/marzo/2011 •

A evitar el trance de pasar del colegio a la universidad

<b>Paola Pecchi Sánchez</b><br>Secretaria de Estudio Facultad de Ingeniería y Tecnología Universidad San Sebastián.

Paola Pecchi Sánchez
Secretaria de Estudio Facultad de Ingeniería y Tecnología Universidad San Sebastián.

La llegada de los jóvenes a la universidad supone un enorme cambio en la administración de su tiempo.

Desde un sistema con presencia de profesores jefes, inspectores, horario continuo, apoderados y grupo curso que, independientemente de las particularidades de cada caso, los ordena y estructura, ahora pasarán a un régimen más libre, donde se deben hacer cargo de sus acciones y de su tiempo. Muchos de ellos no están del todo preparados para este drástico cambio, y así tenemos casos de jóvenes inteligentes y capaces que por falta de madurez llegan a perder sus carreras.

Numerosos estudios coinciden en que la adolescencia se ha alargado, tanto en su inicio como en su término. Lo anterior repercute directamente en la madurez promedio que ostentan los jóvenes al momento de su ingreso a la educación superior. Es por ello que la importancia de acompañar a los hijos en este proceso de cambio es vital, sobre todo considerando que un número no menor de jóvenes no posee la madurez suficiente para enfrentarlo con éxito.

La intuición también cumple un rol básico. Es así como muchos padres llegan a preguntar a la universidad por qué sus hijos andan “raros”. Pues bien, en el 90% de los casos, los alumnos han dejado de venir a clases, tienen pésimas notas y no han rendido las evaluaciones. No se trata de no confiar en los hijos, sino de asumir las limitaciones que algunos de ellos tienen para sobrellevar este, muchas veces, difícil trance en forma exitosa.

Quizás un psicólogo, con toda la propiedad que su título le confiere, pudiese decir que es necesario que los jóvenes tropiecen para madurar. Pero quisiera tener una mirada más paternalista al tema, sobre todo considerando el enorme esfuerzo económico que muchas familias realizan para enviar a sus hijos a la universidad, una visión que ayude a disminuir la deserción de alumnos por causales académicas asociadas a problemas de inmadurez.

Así, para anticipar graves problemas vinculados al fuerte choque que no pocas veces se produce entre estilos de manejo de la vida estudiantil de los jóvenes, es aconsejable que los padres se acerquen a la universidad de sus hijos, pidan entrevistas y consulten sobre el rendimiento y asistencia de ellos; aprovechando que hoy la atención en las instituciones de educación superior –en especial las privadas– es muchísimo más personalizada y con una clara vocación de servicio al estudiante por QUIENES INTEGRAN los estamentos académicos y administrativos.

Paola Pecchi Sánchez.

Publicado: 15/03/2011

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