• 08/enero/2010 •

Accidentes de tránsito

<b>Leonardo Aravena Arredondo</b><br>Profesor de Derecho, Universidad Central.

Leonardo Aravena Arredondo
Profesor de Derecho, Universidad Central.

Conmoción ha causado el accidente ocurrido en Colina con resultado de muertos y lesionados de gravedad por la acción de un conductor ebrio reincidente y se han solicitado penas severas para el hechor, acreedor a 5 años de reclusión conforme el artículo 193 (196) de la Ley de Tránsito.

Cada vez que ocurre un hecho como el señalado, se expresa en todos los niveles la necesidad de poner término a la pérdida de vidas y lesiones que causan conductores incapaces e irresponsables, con campañas que muy pronto pasan al olvido, como sucedió, por ejemplo, en mayo de 2007, cuando nos enteramos de un automovilista que a 180 Kmh. en una vía urbana dio muerte a un joven de 24 años en un paso para peatones y un conductor difundía su hazaña de transitar a 280 Kmh. En lo concreto, nada se hace para protegernos y prevenir.

La única forma de disminuir efectivamente las muertes en las vías es actuando antes, previniendo: un conductor que se desempeña en estado bebido, con alcohol en el organismo y cause o no daños, lesiones o muertes, no puede seguir conduciendo y su licencia se debe cancelar, sin perjuicio de una verdadera y efectiva rehabilitación que será de cargo del interesado acreditar después de transcurridos a lo menos 10 o más años. “Si bebe no conduzca” debe pasar de simple publicidad a orden severa y definitiva.

Establecer de una vez por todas la “Licencia de Conductor a Puntos” de la que se habla desde 2000, que ha disminuido en un 20% los accidentes en España; crear la «Agencia Nacional de Estándares de Conducir»; para certificar que un postulante “sabe” conducir, así como acredita saber leer y escribir; y, muy especialmente, la introducción de la categoría de «Conductores de Alto Riesgo», entre otros, son temas que no preocupan a los responsables de promoverlos desde los organismos encargados de asegurar y mejorar la seguridad en la conducción, a quienes corresponde una alta responsabilidad en la producción de accidentes.

Esta última iniciativa debe cambiar la simple multa en términos de prohibir la conducción a quienes presenten alcohol en su sangre o presencia de drogas, estupefacientes o sustancias sicotrópicas; al que, sometido a exámenes, presente habitualidad o dependencia del alcohol o en el consumo de sustancias prohibidas; al que, requerido para un examen por medios idóneos, se niegue a hacérselo; al que, participando en un accidente, se de a la fuga y abandone el lugar del accidente; y al que se desempeñe con irresponsabilidad grave en la conducción, como es el caso del que lo hace a velocidad superior al máximo permitido.

Es necesario, de una vez por todas, decidir políticas efectivas para poner término al abuso que implica un conductor ebrio, drogadicto, gravemente irresponsable o simplemente enfermo o el desempeño de la profesión de conductor por sujetos incapaces. Así, más que penas, se deben concebir privaciones o restricciones verdaderas como medidas de seguridad y prevención. Resulta más importante prevenir, que sancionar cuando lo irreparable ya ha sucedido con culpa de todos, tanto del conductor ebrio como de la autoridad que, pudiendo hacerlo, no previene.

Leonardo Aravena Arredondo.

Publicado:08/01/2010

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