• 05/octubre/2010 •

Acerca de la relación estudiante-profesor

<b>Eliana Sáez</b><br>Docente Periodismo U. Central.

Eliana Sáez
Docente Periodismo U. Central.

Pareciera que hoy los jóvenes tienen solamente deberes a la hora de estudiar, sin embargo, a mi juicio, también tienen derechos y el más importante de ellos es que de su formación se encarguen profesionales que sientan pasión por la docencia.

“Que los llamen por su nombre y que no respondan con ironía”, piden los alumnos de acuerdo a una investigación de la Universidad Católica sobre la relación entre profesores y estudiantes. ¿Es eso tan difícil? Aprenderse los nombres para un profesor que tiene varios cursos, tal vez pudiera resultar agotador, pero el esfuerzo hay que hacerlo, los jóvenes lo valoran. Responder con ironías o directamente decirle a un alumno que es poco inteligente me parece inconcebible y debe ser considerado una falta ética.

Los estudiantes entran a la universidad para aprender, para formarse y, por lo tanto, no podemos esperar que sepan todo lo que esperamos que sepan. Muchos vienen de realidades completamente diferentes y aunque los contenidos de los planes educativos deben ser parejos, la realidad indica que hay temas que no dominan. Pero esto debe ser un incentivo y no un obstáculo para la educación. Una de las quejas más frecuentes que he escuchado en las salas de profesores de distintas universidades es que los alumnos son flojos.

Pero atención, que esa sentencia puede traer más luces de alerta sobre el docente que sobre el estudiante. De la doctora Paula Peláez aprendí una frase, mucho antes de pensar siquiera en dedicarme a la docencia: “No existen los alumnos flojos”. La destacada profesional lo había comprobado empíricamente: a los jóvenes sólo les falta motivación por el estudio, o el ramo, o el tema. Y es aquí donde surge la pregunta. ¿Qué hacemos los docentes para motivar a los estudiantes? ¿Nos preocupamos de incentivarlos, de decirles que son personas que se están formando para ser profesionales, de preparar clases entretenidas, de fomentar el diálogo y sobre todo el debate y la reflexión?

Hace tiempo se hablaba de la torre de marfil en que se encerraba la academia. Hoy el esfuerzo va por demostrar la importancia de que las univeridades miren hacia afuera, que se comunique con la comunidad, con el medio, con la sociedad y, sobre todo, con quienes entran en sus aulas confiando que ahí serán educados y se convertirán en mejores personas. Creo que llegó el momento en que los docentes universitarios nos bajemos del pedestal y dejemos la arrogancia, que humanicemos la sala de clase y construyamos un buen clima. Solamente así lograremos que los estudiantes entiendan que la exigencia tiene que ver con entregarles una mejor formación y nos miren, a los docentes, como sus formadores y no como sus enemigos.

Eliana Sáez.

Publicado: 05/10/2010

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