• 12/abril/2010 •

Actividad Física y Salud

<b>Cristián Luarte Rocha</b><br>Director Pedagogía en Educación Física Universidad San Sebastián.

Cristián Luarte Rocha
Director Pedagogía en Educación Física Universidad San Sebastián.

Cada día escuchamos frases como “tener salud es mejor que tener dinero”, “salud, dinero y amor” o “brindemos a su salud”. Todas son expresiones de buena crianza y donde siempre, y en primer lugar, se menciona y desea buena salud, en una forma clara y explícita de que es el bien más preciado que uno tiene. Sin embargo, a pesar de esta recurrente manifestación, no pasan de ser expresiones muy aceptadas socialmente, pero que no guardan relación con las conductas que permiten proteger y promover el cuidado de la salud.

Y ni las alarmantes cifras que se conocen logran sensibilizarnos. Se proyecta que durante 2010 habrá 9 millones de obesos en el país y, lo que es peor, que 10 mil chilenos morirán anualmente producto de factores de riesgo cardiovascular. A pesar de todo, nuestra actitud sigue siendo el intentar remediar un daño que ya está hecho, pues no somos capaces de adelantarnos a sufrir las consecuencias de nuestra irresponsabilidad. Al final del día, cuidamos más y mejor nuestros bienes materiales que a nosotros mismos.

Celebramos por estos días la Semana Internacional de la Actividad Física, sin embargo las conductas de prevención y promoción de la salud por desgracia aún nos son ajenas. Creemos que son tareas que se pueden postergar, sin considerar que la falta de descanso, los estímulos psicológicos negativos, la ausencia de actividad física y la alimentación inadecuada, sencillamente nos están matando.

La percepción de que el cuerpo tiene partes y que ellas son independientes en sus funciones como en sus efectos, parece seguir muy internalizada en nuestra sociedad y, sobre todo, en los modelos educativos, lo que se refleja en un inapropiado y desmedido énfasis en la adquisición de conocimientos y destrezas estrictamente cognitivas, como si lo socio-afectivo-motor no fuera una manifestación de inteligencia y también una poderosa herramienta para la consecución del éxito. Nos encontramos muy preocupados de que nuestros hijos dominen las Tecnologías de la Información, pero no estamos atentos de si administran eficientemente el oxígeno, si su columna se deforma producto del sobrepeso o si han adquirido alguna enfermedad crónica asociada a una vida sedentaria.

El racionalismo del Renacimiento tiene la misma vigencia que entonces. La razón como centro ordenador de la vida del hombre, en donde parece que nada más tiene valor. Esos son nuestros hábitos, conductas aprendidas en la concepción de nuestra sociedad.

Parece ser, entonces, que el camino es desaprender o comenzar de nuevo con cambios de conductas que deben partir desde el principio de la vida y cuya responsabilidad debe recaer en la familia, primero, y en el colegio, después; pero ambas simultáneamente. Consecuente con lo anterior, es necesario modificar en la forma y en el fondo los propósitos de la sociedad y de nuestra educación.

Cristián Luarte Rocha.

Publicado: 12/04/2010

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