• 18/agosto/2017 •

Adaptabilidad

Ante un eventual recambio, siempre se pueden escuchar más críticas que comodidades, y eso que el tema está recién empezando. Las pautas tendrán más detalles de lo esperado, sin embargo, eso no significa que el objetivo ha sufrido un pequeño ajuste, más bien, las visiones deben acomodarse a como dé lugar a estas sorpresivas líneas. Lamentablemente tal parece que para llegar a ese ideal, el gallito tendrá más forma que fondo para el estudio y constante revisión, es decir, la tolerancia será el principal atributo que se desarrollará, pero sobre todo, se tomará en cuenta la actitud externa hacia ello.

¿Alguien dijo que todo sería fácil? Por cierto que no, aunque de alguna forma, es más atractivo cuando “las fuerzas” se acomodan en un diálogo que mejor reconocer desde un principio, porque de lo contrario, más vale seguir con el clásico deterioro que entre otras cosas, generó cultura y opinión muy desarrollada en solo unas pocas décadas. ¿Quiere decir esto que nos vayamos acostumbrando a lo que hace un tiempo atrás era la razón del olvido? En cierta forma es bueno usar referentes, para bien del futuro o mal en las equivocaciones, ya que ello puede hacernos aterrizar con mejores habilidades y destrezas que es lo que ofrece la nueva generación.

Hoy en día somos testigos de cómo el poder condensado no tiene muchos beneficios, es decir, no lo suficiente como para generar confianza, ya que a lo menos, la presión que por defecto ejerce, necesariamente debe ser diluida. Y bueno, tal parece que esa es la principal razón de nuevos referentes, que ente pasillos y públicamente, prometen una representatividad “menos política y más ciudadana”. ¿Hay en esto un problema? Quizás, ya que la ciudadanía sin política no tiene mucho que decir, o aportar. El poder bien instituido y administrado tiene enormes influencias, mucho más de lo que ofrece la historia, y por qué no decirlo, hace nuevas y más atractivas historias, y el cuidado es particularmente más sensible en estos aspectos.

Frecuentemente nos encontramos con buenos y malos referentes, pero eso es parte del aprendizaje. Detenernos solo en los problemas también tiene algo de malas costumbres, y hace que el poder se transforme inevitablemente en un festín de declaraciones sin mucho que proponer. Quizás convertir esto en otro tipo de manifestaciones, puede que aumente considerablemente mejores atributos públicos, como lo son la confianza, el buen objetivo, fluidez comunicacional, planteamientos más elevados, deseos de cooperar, aportes por defecto, más inteligencia que perturbaciones, más soluciones que improvisaciones, etc.

Sugerir siempre queda en un plano muy débil, es por ello que en un plazo récord, se formó lo que conocemos como “Comisión”, en la que entre otras cosas, se desarrollarían nuevos atributos para el servicio público. Claro que con la idea principal de transformar de una vez por todas estos enjambres, en un modelo digno de seguir. El tiempo apremia, incluso después de ser presentadas las conclusiones que ello generó, y qué decir de las observaciones que despertó. Lo mejor de todo esto, es tomar en cuenta el reconocimiento de la necesidad empírica y leal de dar por sentado que ya es tiempo de cambios.

Adquirir características para sobrevivir en este camino sí que es un gran desafío, especialmente para aquellos adoctrinados que no quieren desligarse completamente de lo que los inspiró desde un principio hasta ahora y que les dio “vida y salud política”. Convengamos que no todo es para siempre, o por lo menos, los modelos de vida siempre tienden a “sufrir” mejoramientos. Aquello que despierte la idea de quedarse en un solo tipo de vida, hoy en día es parte de lo que denominamos “perfil dudoso”. Ciertamente que ello con las evidencias de que mientras los años pasan, también ciertos tipos de ideales envejecen.

Hay muchas referencias alrededor del mundo en el que por un lado se castiga la costumbre, y por el otro, se fortalecen los nuevos planteamientos. Hablamos de personas, administraciones, doctrinas, incluso leyes (Proceso constituyente). No hay que ser expertos para darse cuenta que lo mejor es hablar del futuro, con la madurez que entrega el pasado y la habilidad del presente. Negarse a ello, sí que es perjudicial, ya que a vista y paciencia de la opinión pública hemos notado cómo un pequeño grupo de las nuevas generaciones quiso ser parte de la costumbre, y bueno, hoy se admite el profundo error.

Hay que ver las cosas con la mayor simpleza posible, ya que un mal que está instalado hoy en día es encontrarse con que todo tiene explicación, y pensándolo bien, eso es el problema principal. Las iniciativas tienen el coraje suficiente que se necesita para corregir y a ratos, la bien catalogada claridad, y es en esto donde por lo que está diciendo la actualidad, debemos depositar principalmente la mirada. En consecuencia, un país sin ideas fomenta la costumbre, con esto, esperamos entonces que los nuevos referentes políticos consigan lo que tanto la contingencia ha demandado, adaptabilidad.

 

Mauricio Gallardo Castro
@maurigallardoc

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