• 06/junio/2014 •

Agua de Todos

<b>Neftalí Carabantes Hernández</b><br>Gerente Programa Minero Universidad CentralEx Subsecretario de Bienes Nacionales

Neftalí Carabantes Hernández
Gerente Programa Minero Universidad CentralEx Subsecretario de Bienes Nacionales

La Presidenta Bachelet abordó en su último mensaje varias materias, entre ellas una de vital importancia para el desarrollo de Chile, como lo es la gestión sustentable y sostenible de nuestros recursos hídricos. Así, propuso reconocer a las aguas como un bien nacional de uso público en sus diversos estados, modificando sustantivamente el Código de Aguas. Es dable reconocer que la Presidenta dio en clavo.

El agua es esencial para la vida humana y aun cuando, en teoría, existe suficiente en el mundo para satisfacer nuestras necesidades, ésta se encuentra desigualmente distribuida. Canadá supera en casi un millón de veces la disponibilidad hídrica de Kuwait. Las cifras del agua en el norte de Chile distan mucho de su disponibilidad en el sur. Igualmente, existe desigualdad cuando aún hay personas sin acceso al agua potable.

Por otra parte, un mal acceso al agua amenaza con enfermedades y muertes; y su escasez, producto del cambio climático, pone en riesgo a industrias que requieren del elemento para producir. Lo anterior, agravado por la sobreexplotación de las cuencas y el mal uso de los derechos de agua.

De ahí la importancia de lo anunciado por Bachelet, en el sentido de introducir reformas al Código de Aguas – considerado como uno de los más liberales del mundo-, el cual permite la concesión de derechos de aprovechamiento de agua a privados, quienes lo suman como parte de su patrimonio, con la opción de venderla, arrendarla, heredarla o rematarla. A diferencia de las legislaciones internacionales, en Chile el derecho de aprovechamiento de aguas es un derecho real, perpetuo, con atributos semejantes al dominio, permitiendo a su titular realizar todo acto de disposición, incluso botar el agua si lo quisiera. Cualquier persona en Chile puede solicitar derechos de agua sobre la base de razones poco transparentes –como la especulación– y convivir con aquellas solicitudes serias para desarrollar una actividad productiva y trascendental para el desarrollo del país, como la minería y agricultura.

Es hora de terminar con este “mercado imperfecto”, que sigue dando pie a burbujas especulativas y a una baja gobernanza –especialmente de parte de las comunidades de agua–, que requiere una regulación a la altura de su importancia. No es comprensible que aún se carezca de información suficiente sobre la inscripción de los derechos de aprovechamiento, que persistan errores de inscripción y de actualización –siguen existiendo inscripciones a nombre de personas fallecidas–, lo que crea un clima de incertidumbre; y que subsista la concentración en pocas manos.

La Presidenta se ha propuesto hacer realidad que el agua sea un “Bien Nacional de Uso Público”. Nos invita a plantearnos cómo ser capaces de perfeccionar el mercado del agua y no cabe duda que ahora es cuando debemos volcar nuestras ideas a este gran propósito, ya sea creando “bolsas electrónicas” de agua, introduciendo mayores niveles de eficiencia por la vía de nuevas tecnologías de reutilización del agua, el tratamiento de agua salobre –brackish water–, o elevando los niveles de inversión en investigación sobre eficiencia hídrica y exploración de aguas subterráneas.

Llegó el minuto de revisar nuestra legislación, alcanzar mayores grados de certeza jurídica, y de establecer un marco regulatorio que nos permita estar a la altura de los desafíos que nos depara el futuro, los cuales respecto del agua, están muy cerca.

Neftalí Carabantes Hernández

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