• 29/julio/2010 •

Agua Vitalis

<b>Neftalí Carabantes</b><br>Gerente Programa Desarrollo Minero, U. Central <br>,<b>Michael Hantke</b><br>, Abogado, Phd. Socio Estudio Puga y Ortiz Abogados.

Neftalí Carabantes
Gerente Programa Desarrollo Minero, U. Central
,Michael Hantke
, Abogado, Phd. Socio Estudio Puga y Ortiz Abogados.

El agua es esencial para la vida humana; sin beberla, no podemos vivir más de tres días. Aún cuando, en teoría, existe suficiente agua en el mundo para satisfacer nuestras necesidades, ésta se encuentra desigualmente distribuida. Existe desigualdad, por ejemplo, cuando países como Canadá o Groenlandia superan en casi un millón de veces la disponibilidad hídrica de otros como Kuwait. Igualmente, existe desigualdad cuando alrededor del mundo hay cerca de 1.000 millones de personas sin acceso al agua potable.

Ahora bien, aquellas inequidades tienen un directo impacto en la calidad de vida y en el desarrollo de los países. Un mal acceso al agua amenaza con enfermedades hídricas y muertes asociadas; y su escasez pone en riesgo a industrias que requieren del elemento para producir, como es el caso de la minería. Pero quizás el peligro más grande es la gestación de conflictos bélicos entre naciones. Naciones Unidas ha identificado más de 300 situaciones de conflicto potenciales vinculados a este preciado líquido. Lamentablemente, para el futuro se prevé la profundización de estas desigualdades producto de la mayor ocurrencia de eventos de sequía e inundaciones asociados al calentamiento global. ¿Cuándo será tarde para que nos preocupemos del problema?

Chile no se encuentra ajeno a esta realidad y por eso se extraña una mayor presencia de esta problemática fundamental en la discusión pública. Las cifras del agua en el norte de Chile distan mucho de la disponibilidad de agua en sur.

Nuestro Código de Aguas, considerado por muchos como uno de los más liberales del mundo, permite la concesión de derechos de aprovechamiento de agua a privados quienes lo suman como parte de su patrimonio, y por lo tanto, el agua pasa a ser un activo, lo que les permite venderla, arrendarla, heredarla o rematarla. A diferencia de casi la totalidad de las legislaciones internacionales, en Chile el derecho de aprovechamiento de aguas es un derecho real, con atributos semejantes al dominio, permitiendo a su titular realizar cualquier acto de disposición, incluso botar el agua si así se quisiese.

En tal virtud, quien solicita un derecho de aprovechamiento no requiere justificar su uso, ni la efectividad del mismo en el tiempo, pues, además, es perpetuo. En suma, cualquier persona en Chile puede solicitar derechos de agua sobre la base de las razones poco transparentes –como la especulación– y convivir con aquellas solicitudes serias para desarrollar una actividad productiva y trascendental para el desarrollo del país como lo es la minería.

Hablamos de un “mercado” bastante imperfecto, que sigue dando pie a burbujas especulativas y a una baja gobernanza –especialmente de parte de las comunidades de agua–, que requiere una regulación a la altura de su vital importancia.

No es comprensible que en pleno siglo XXI se siga careciendo de información suficiente sobre la inscripción de los derechos de aprovechamiento, y de esa manera se mantenga la incertidumbre sobre los derechos de aguas constituidos. Asimismo, subsiste la concentración en pocas manos; algo que el pago de patentes no ha logrado resolver. En el Registro Público de las Aguas, aun persisten errores de inscripción y de actualización –siguen existiendo inscripciones a nombre de personas fallecidas, sin cambios de titulares–, lo que crea un clima de incertidumbre.

Llegó el minuto de plantearnos cómo somos capaces de perfeccionar el mercado del agua. Aquí surgen múltiples ideas, desde crear “bolsas” de agua, donde todos aquellos que quieran comprar o vender derechos de aprovechamiento deben hacerlo en ese único lugar; hasta introducir mayores niveles de eficiencia, por la vía de nuevas tecnologías de reutilización del agua –especialmente de las ciudades–, el tratamiento de agua salobre –brackish water–, los esfuerzos de conservación, y el mejoramiento del manejo del agua que realizan los agricultores. Del mismo modo, resulta urgente que la industria invierta en investigación sobre eficiencia hídrica y exploración de aguas subterráneas.

Una mayor eficiencia en el mercado del agua otorgará certeza jurídica en el evento que se produzca la judicialización de los derechos de uso y goce sobre las aguas.

Chile en su camino al desarrollo enfrenta múltiples desafíos. La mayor demanda –y disponibilidad– de agua, de energía y de capital humano son buenos ejemplos. Pero hay otros desafíos que han pasado de ser emergentes y potenciales, a actuales y vigentes, como la reducción de la huella de carbono, las energías incorporadas, el reciclaje de metales y, sin duda, la disminución de la huella hídrica.

No cabe duda que llegó la hora de revisar nuestra legislación y establecer un marco regulatorio que nos permita estar a la altura de los desafíos que nos depara el futuro, los cuales respecto del agua, están muy cerca.

Neftalí Carabantes.

Michael Hantke.

Publicado: 29/07/2010

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