• 19/abril/2010 •

Alimentación en tiempos de crisis

<b>Jacqueline Bluas Ackerknecht</b><br>
Directora de Nutrición y Dietética Universidad San Sebastián.

Jacqueline Bluas Ackerknecht
Directora de Nutrición y Dietética Universidad San Sebastián.

Cuando enfrentamos acontecimientos traumáticos como el terremoto ocurrido el pasado 27 de Febrero, resulta importante reflexionar acerca de los distintos niveles de impacto en la calidad de vida de las personas afectadas. Me refiero, específicamente, a lo conocido como “seguridad alimentaria”, que es descrita como el “derecho que tienen todas las personas en todo momento al acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimentarias y sus preferencias en cuanto a los alimentos”, concepto desarrollado en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, realizada en 1996.

Los momentos dramáticos vividos después del sismo hicieron muy vulnerable este derecho, ya que se vio afectada la disponibilidad relacionada con la existencia en cada hogar de cantidades suficientes de alimentos de calidad adecuada, el acceso de las personas a los recursos para adquirir los insumos apropiados para una alimentación nutritiva y la utilización de los alimentos, proceso que requiere de los servicios básicos como agua potable y sanidad para lograr un estado de bienestar nutricional en el que se satisfagan todas las necesidades fisiológicas.

Los recursos necesarios para la producción ponen en relieve la importancia de los insumos no alimentarios en la seguridad y estabilidad de los alimentos, y señala que una población, un hogar o una persona, deben tener acceso a nutrientes adecuados en todo momento.

Es importante destacar que estos factores tienen connotación distinta para cada comunidad, particularidad dada por las condiciones fisiológicas o fisiopatológicas de cada uno de sus integrantes, considerando que cada una de ellas está compuesta por personas con diferentes condiciones de salud, como embarazadas, niños, adultos mayores, quienes padecen alguna enfermedad y gozan de buen estado de salud. Es por ello que se debe priorizar la distribución de los recursos disponibles, orientado en primer lugar a satisfacer las necesidades alimentarias de los grupos más vulnerables, para los cuales una carencia prolongada de nutrientes agravaría su condición de salud o enfermedad.

La interrupción o carencia de servicios básicos (electricidad, agua potable, gas, retiro de desechos domiciliarios) y la contaminación ambiental son condiciones que favorecen el desarrollo de enfermedades de transmisión alimentaria, situación que agrava la condición de salud de cada individuo. Es por ello que se hace indispensable establecer en cada hogar o empresa, procedimientos que permitan asegurar la calidad de los alimentos. Consumir en primer lugar aquellos que se deterioran más rápidamente, como lácteos y carnes. Desechar los que perdieron su cadena de frío. Extremar las medidas de higiene y limpieza de utensilios y alimentos que garanticen su calidad. Medidas como hervir por 5 minutos, o clorar el agua no potable con la que se lavan los alimentos y los utensilios de cocina para su preparación. Seleccionar los residuos domiciliarios según su fuente, en recipientes tapados y enterrar los residuos orgánicos. También es muy importante la higiene personal de quien prepara los alimentos, especialmente el lavado de manos.

Afortunadamente, los periodos de inseguridad alimentaria no son tan extensos, por cuanto la selección de alimentos que constituirán diariamente la dieta de la familia va a depender de su disponibilidad. Se recomienda en estos casos preferir aquellos que se consumen cocidos, y no adquirirlos en establecimientos no autorizados.

La “seguridad alimentaria” en tiempos de crisis es tarea de cada uno de los integrantes de la comunidad, particularmente contribuyendo a disminuir los factores exógenos que afectan, principalmente, la disponibilidad, acceso y utilización de los alimentos.

Los riesgos de aumentar los índices nacionales de enfermedades de origen alimentario por déficit, exceso o transmisión, en periodos no prolongados de inseguridad alimentaria no son significativos, en la medida que se realice una buena campaña de prevención y educación a la población.

Jacqueline Bluas Ackerknecht.

Publicado: 19/04/2010

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