• 16/febrero/2021 •

Alimentación infantil saludable: Una responsabilidad compartida

<b>Rodrigo Aste</b><br>
Gerente General de Nutrisa

Rodrigo Aste
Gerente General de Nutrisa

Muchas cosas han cambiado en el país en materia alimenticia desde la entrada en vigencia de la ley 20.606 (o ley sin sellos), cuyo principal objetivo ha sido proteger a la población infantil informando con claridad el exceso de nutrientes críticos en los alimentos altos en azúcares, sodio, grasas saturadas y calorías.

Se trató de una medida que tuvo un impacto positivo en cuanto al conocimiento y apoyo de la ciudadanía. Diversos estudios han demostrado que las personas cambiaron su conducta a la hora de adquirir alimentos, considerando la presencia y el número de etiquetas negras. Las empresas también debimos adaptarnos, cambiando fórmulas y buscando nuevas opciones para ofrecer alimentos saludables que cumplieran con las porciones recomendadas sin perder su calidad ni sabor.

Y entonces llegó la pandemia, el encierro, la disminución parcial o total de la actividad física y las alarmantes cifras de obesidad en Chile, que según el Ministerio de Salud estiman que uno de cada tres niños menores de seis años tiene exceso de peso. Es un problema mundial: el primer Atlas Mundial de la Obesidad Infantil, realizado por la Federación Mundial de Obesidad, predice que en 2030 más de 744 mil menores de 19 años serán obesos.

Nos encontramos en un punto de inflexión donde no solo depende de los padres o las empresas cuidar la alimentación de los más pequeños, se trata de un esfuerzo conjunto de todos como sociedad. Entregar recomendaciones de alimentación saludable es solo una parte del tema y está claro que no tendremos la efectividad suficiente si no acompañamos los buenos consejos con medidas concretas que fomenten cambios en el estilo de vida, como por ejemplo: fomento de espacios al aire libre para realizar ejercicio, horarios definidos para la actividad física en las clases presenciales (y también en las versiones online mientras no recuperemos nuestra rutina habitual), incentivos para las empresas e instituciones  que ayuden a modificar los hábitos dañinos de trabajadores y sus familias, la lista suma y sigue.

Creo que una de las cosas positivas que trajo la pandemia es la recuperación de espacios perdidos en las familias en cuanto a la alimentación. Se privilegió la preparación de comidas caseras, las páginas webs de recetas y los programas de cocina experimentaron un revival. Las personas, al tener más tiempo, buscaron ser protagonistas de su alimentación y se volcaron al mercado en busca de productos sanos como semillas, azúcares no procesadas, cereales y aceites que no solo satisfacen, sino que generan bienestar. Esto demuestra que el interés y la preocupación existen, pero ahora requerimos de medidas que ayuden a que estas conductas no solo sean pasajeras y se transformen en estilos de vida a largo plazo. 

Desde nuestro lado de la cancha, como empresas productoras de alimentos tenemos una responsabilidad que consiste no sólo en desarrollar y lanzar al mercado propuestas novedosas, sino también generar procesos que optimicen los productos y la experiencia de los consumidores actuales, cada vez más exigentes y demandantes de información.

Sabemos que en esta gran tarea no estamos solos. La salud de la población es una política fundamental dentro de cada Gobierno y Chile no es la excepción. Un gobierno que se preocupa por el desarrollo integral de su población infantil es un gobierno que mira a futuro y que sabe que prevenir enfermedades hoy, es crear a futuro personas saludables que puedan enfocar su esfuerzos y energía en potenciar el desarrollo local.

Rodrigo Aste
Gerente General de Nutrisa

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