• 29/junio/2010 •

Arquitectura penquista

<b>Samir Aptecar Nacer</b><br>
Académico de Escuela de Arquitectura Universidad San Sebastián.

Samir Aptecar Nacer
Académico de Escuela de Arquitectura Universidad San Sebastián.

Muchas veces se han criticado las obras de arquitectos penquistas por no tener esa “gracia formal” de los foráneos, siendo tildados los diseños en edificios del Gran Concepción de austeros, descoloridos y carentes de espectacularidad, entre otros frecuentes juicios, y terminando con esa típica frase de comparación “la chata arquitectura penquista, ni comparada con Santiago”.

La presión inmobiliaria resulta tan fuerte, que estas empresas compiten para atraer clientes con verdaderas “esculturas urbanas”, de modo tal que terminan generando edificios “atractivos” ya sea por el nivel de instalaciones como por sus terminaciones, complementado con grandes publicidades, tentativas ofertas y hasta inauguraciones rimbombantes.

Sin embargo, todo ello queda en nada cuando la imponente naturaleza y sus fenómenos terminan derrumbando, deteriorando o simplemente haciendo desaparecer cualquier vestigio de arquitectura no perteneciente a la ciudad, como si se tratara de un actor fiscalizador permanente, sancionando lo externo, es decir aquellas que no formarán nunca parte de nuestro patrimonio arquitectónico, que de paso suele confundirse con el patrimonio histórico estilístico –que es otra cosa–.

De esta manera, son los propios fenómenos naturales, constantes, permanentes y eternos los que terminan dando forma a la ciudad, y que –de un modo o del otro– resultan entes modeladores de lo que es y no apropiado.

Pese a que los efectos devastadores del terremoto están en nuestra memoria colectiva, el ego –una de las peores fallas humanas– a ratos nos hace olvidar catástrofes anteriores, como las de 1835 y 1960. Sin embargo, la propia ciudad de Concepción se encarga de recordarnos en cada esquina retraída, en la discontinua línea de antejardín, en ese desorden de fachadas disímiles, que la naturaleza es más poderosa que un plan regulador, mucho más exigente que cualquier norma y de mayor permanencia que una moda estilística promocionada en miles de folletos.

Concepción sufrirá dentro de los próximos años un quiebre radical, a vista de esta generación, pero ese cambio no será tal en la memoria urbana, sino un devolver la ciudad en su justa medida, en su real forma de construirla, en su altura adecuada, en su figura y fondo responsable, en su capacidad de suelo para soportar cargas, en el respeto a las cotas naturales del cerro, en las reales cargas admisibles en su borde río, humedales y lagunas. Es decir, todo aquello que habíamos obviado en 50 años.

Samir Aptecar Nacer.

Publicado: 29/06/2010

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