• 29/agosto/2010 • Cultura
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Bueno en el Blanco

David Bueno
Periodista.

Tenía la mirada tierna. Un caminar pausado y una voz suave, pero firme. Así era Guillermo Blanco Martínez, escritor por naturaleza y periodista por vocación, que ha fallecido hace unos pocos días a los 84 años.

Premio Nacional de Periodismo en 1999 y autor de innumerables clásicos, entre cuentos, novelas y ensayos. Lo conocí al año siguiente en la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales. Fui uno de los muchos alumnos que tuvo en su extensa y exitosa carrera. Su cátedra valía por todas las demás. Su cátedra era la carrera.

Recuerdo con nostalgia sus clases. A las que llegaba con las manos en los bolsillos. Acá no había papeles, anotaciones, apuntes. Sólo sus vivencias. Su experiencia de vida.

Nos enseñaba a crear, a romper esquemas, a salirse del libreto y navegar fuera de los lugares comunes, a imaginarnos, a viajar.

Años después me acerqué a conversar con él. Quería hacer mi tesis sobre su vida. Una biografía que resultara ser un homenaje encubierto. Y él, caballero como siempre, se prestó para tan tremenda tarea.

Entonces comenzó a recibirme en su casa en innumerables ocasiones. Siempre cordial, siempre dispuesto. Se sentaba a conversar sin importar el reloj. Y así pasamos varios días, semanas, meses.

Me contó de su vida, de su niñez en Talca, de su alma inquieta de inocente niño, de sus padres, su mujer, sus viajes y libros. Me abrió su corazón.

Yo lo escuchaba. Lo escuchaba como el nieto que oye al abuelo en esos cuentos con final feliz al anochecer. Lo miraba con admiración sostener cada uno de sus diálogos. Me imaginaba paisajes, lugares, escenas. Y él con su voz suave, pero firme, bien firme.

Esas conversaciones fueron fundamentales. Aprendí de su boca muchos conceptos que luego comencé a practicar en la profesión que yo también elegí. A ser perseverante, inquieto. A usar la palabra, pero jamás abusar de ella. A dejar fluir las ideas, a escapar de los clichés. A dejar las “periodisteces” en los libros y a hacer periodismo. Contar historias, relatar.

Terminada la tarea con asombro y nerviosismo la puse en sus manos. Leyó su biografía con mucha paciencia y dedicación y luego me la devolvió. Nunca me dijo si le había gustado. Nunca lo supe. Pero lo intuí cuando se animó a autografiarla. Después de todo, su humildad era demasiado grande como para evaluar parte de su vida llevada al papel. “No merezco tanto”, repetía.

Y ahora que ha fallecido pienso en todo lo contrario. Tal vez fue demasiado poco para alguien como él. Tal vez mereció algo más.

De cualquier manera nuestra conexión no fue casualidad. No es casual cuando Un Bueno, de bondad; se junta con un Blanco, de pureza. Como si fuesen sinónimos. Alguna vez nos volveremos a encontrar.

David Bueno.

Publicado: 30/08/2010

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