• 29/octubre/2010 •

Bullying otra forma en que manifiesta la violencia escolar

<b>Isabel González</b><br>Directora del Centro de Mediación, Negociación y Arbitraje de la Universidad Central de Chile.

Isabel González
Directora del Centro de Mediación, Negociación y Arbitraje de la Universidad Central de Chile.

Hemos observado como los últimos acontecimientos noticiosos, nos muestran esta horrenda realidad que viven los niños/as en sus lugares de estudio, que debieran ser espacios privilegiados de protección y cuidado para su formación como seres humanos sanos y felices, en lugar de ello, los adultos les hemos ofrecido una sociedad que ellos imitan, llena de humillación y violencia, que viola sus más íntimos derechos humanos, convirtiendo a estos sujetos de derecho, en seres encogidos por el dolor y la necesidad de protección, ante feroces ataques de sus pares, que destruyen lo más preciado del ser humano que es su dignidad y aprecio por si mismos, dejando verdaderos tatuajes en el alma.

Cotidianamente en nuestros establecimientos escolares se producen conflictos de menor o mayor gravedad, tales como las burlas, ridiculizaciones, descalificaciones, marginación, indiferencia, abuso de poder, etc., originados en la poca tolerancia al tener creencias e intereses diferentes o bien poseer características físicas especiales.

Sin perjuicio de que las discrepancias son inherentes a la sociabilidad humana, es necesario poner atención a la forma cómo se están enfrentando éstas en nuestra comunidad educativa, ya que cuando los conflictos no son abordadas a tiempo o son resueltos por la vía del poder, imponiéndose el más fuerte sobre el más débil, se generan agresiones y abusos, produciendo daños irreversibles, cicatrices que son indelebles.

Manifestaciones como el bullying, en que el abuso que ejerce una persona o grupo sobre otra, pueden ser de tipo físico, psicológico, sexual y los agresores, verdaderos matones para sus víctimas, las que son objeto de ridículo y humillación, y cambian los sueños y el rumbo de la vida de un joven o un niño. Otras formas de agresión comunes en el ámbito escolar son; el juego rudo, en que la frontera del juego es sobrepasada y se transforma en una agresión, las conductas de discriminación y/o marginación de un alumno o alumna por sus características físicas, condición social, étnica, orientación sexual, la violencia cibernética, otra forma de agresión ocupada hoy por muchos niños y/o jóvenes que postean utilizando comentarios agresivos, fotos humillantes sin consideración a sus víctimas que son sus propios compañeros.

Algunas de éstas actitudes pasan desapercibidas en la vida escolar, ya que al tratarse de conductas comunes, se han «naturalizado». Sin embargo, su daño es real, afectando la autoestima y la confianza de quienes resultan víctimas, dañando el clima de convivencia en el colegio, perjudicando la posibilidad de aprendizaje de los alumnos, razón por la que si queremos hablar de una educación de calidad, debemos comenzar por trabajar en una construcción colectiva, en la que se ofrezca solución a este tipo de conflictos en forma restaurativa y con un enfoque transversal en la enseñanza, que incorpore en los alumnos competencias que permitan el ejercicio de los derechos humanos, en una sociedad democrática, inclusiva y pacificadora, respetuosa de las diferencias.

Aprender desde temprana edad, a canalizar demandas de justicia a través de procedimientos como el arbitraje pedagógico, la negociación y la mediación, potencia en los niños la experiencia de dejar de ser objeto de medidas disciplinarias y pasar a ser sujeto de procedimientos de solución pacífica de conflictos. H

La existencia de estas graves manifestaciones de violencia presente en los sistemas educativos, amerita la necesidad de incorporar la mediación escolar a la educación chilena, a través de la propuesta de un modelo de intervención, cuyo eje central sea la educación restaurativa. La cual entiende que el conflicto tiene tres caras y una de ellas es la sociedad que debe responsabilizarse en el proceso de impartir justicia, que no sólo pertenece a la víctima, al victimario, o autoridad escolar como ente regulador, sino a toda la comunidad escolar, situando a estos actores en un equilibrio de poderes y obligaciones respecto a la falta, sus orígenes y consecuencias.

La justicia restaurativa, su reparación, la recuperación del ofensor, al reconocer el daño causado, manifestar su arrepentimiento, recibir el perdón voluntario de la víctima, producir una reconciliación y reconstitución de lazos con la víctima y comunidad.

La mediación restaurativa p

ermite la protección de la víctima y su participación directa, contemplando la coincidencia de sus necesidades de curación con el proceso de reparación del daño material, social, moral que debe ofrecer el ofensor, mediante un proceso educativo y socializante; en que la víctima explique su angustia, siendo acogida por el infractor en su afectación personal quién asume más responsabilidad y se enfrenta a lo dañino de su acción. La dimensión de la relación humana, primero ausente en la percepción del culpable, se pone en total evidencia. En el otro extremo de la relación, se reestructura la imagen del culpable, el odio y el temor difuso tienden a desaparecer.

La sanción a su vez tendrá un sentido; no sólo de castigo o represalia; sino de relación directa con la lesión a un bien jurídico que el conjunto social ha estimado relevante y que quiere proteger.

¿Por que no orientarnos entonces hacia una política pública que inserte masivamente la mediación escolar, en forma transversal en las escuelas y colegios de nuestro país?

Isabel González.

Publicado: 29/10/2010

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