• 05/agosto/2010 •

Calidad y prejuicio

<b>Miguel Ángel Rivera</b><br>Académico Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Central de Chile.

Miguel Ángel Rivera
Académico Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Central de Chile.

Ha sido publicada la noticia sobre la necesidad de certificar la calidad de las consultoras registradas como Asistencia Técnica Educativa (ATE), de modo que sean efectivamente un aporte en el mejoramiento de la labor educativa de un establecimiento escolar. Esto implica que aquellas escuelas que requieren un plan de mejoramiento de acuerdo con la Ley SEP (Subvención Escolar Preferencial), tienen la posibilidad de recurrir a un fondo de recursos para el financiamiento de dicho plan. Y para cumplir las metas que debe estipular el plan de mejoramiento, deben licitar una asesoría externa de entre aquellas agencias registradas en el Ministerio de Educación (Registro ATE), que supuestamente cuentan con un perfil de calidad que las habilita para realizar esa asesoría.

Al respecto, cabe recordar que se desarrolló un proyecto FONDEF por la Universidad de Chile, con el propósito de crear un medio que garantice la eficiencia y calidad de las ofertas de ATE.

Sin embargo, luego de un par de años ya se publica la necesidad de certificar la calidad de quienes ofrecen esta ATE como consecuencia de las denuncias por deficiencias básicas del trabajo de algunas de estas consultoras. Y es sobre estos criterios de calidad y las agencias que siempre están presentes para certificar calidad, es donde quiero apuntar estas opiniones.

En efecto, uno de los requisitos que se exige para postular a cualquier cargo docente en cualquier universidad chilena, consiste en tener el grado de magíster o de doctorado. ¿Por qué? Por el tema de la acreditación, que funciona como una sombra que recorre nuestras instituciones de educación superior. La preocupación por la calidad de la pedagogía que ese magíster o doctor en educación aplica en su quehacer profesional cotidiano pareciera que queda supeditado a un segundo plano.

Similar situación se observa en el caso de quienes constituyen una ATE. En el formulario de registro aparece nuevamente la calidad del grado académico del profesional: magíster o doctorado, es lo adecuado. Y los resultados ya se denuncian en términos de la mala calidad de las asesorías para el supuesto mejoramiento de las escuelas.

Uno se pregunta, si existen deficiencias en la calidad pedagógica de algunos docentes ¿de dónde surge ese vacío pedagógico? ¿Del tipo de profesionales que lo forman en la universidad? ¿No son magíster y/o doctores esos formadores? Luego es lógico pensar que ese requisito de por sí no conlleva ninguna seguridad de calidad. Por favor, no sigamos descansando sólo en los pergaminos.

Con lo anterior también es necesario reparar en quienes y desde qué instituciones se dan las certificaciones de calidad. ¿No será necesario certificar a los certificadores? Y así podría pensarse en una cadena sinfín. Por tanto es necesario recurrir a las evidencias de fondo y no quedarse sólo en las formalidades.

En definitiva, abogo por calidad educativa sin prejuicios.

Miguel Ángel Rivera.

Publicado: 05/08/2010

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