• 18/enero/2010 •

Cambio climático: claves para entender el fracaso de la cumbre de Copenhague

<b>Fernando Estenssoro</b><br>Dr. en Estudios Americanos Instituto de Estudios Avanzados-USACH.

Fernando Estenssoro
Dr. en Estudios Americanos Instituto de Estudios Avanzados-USACH.

A un mes de realizada la cumbre sobre Cambio Climático en Copenhague, resulta interesante una breve reflexión sobre las causas profundas de su fracaso así como, de sus proyecciones.

Si bien la prensa europea y estadounidense enfatizó la versión oficiosa de sus dirigentes, de que el principal obstáculo para alcanzar acuerdos vinculantes fue la actitud “intransigente” de China para aceptar verificaciones internacionales sobre el cumplimiento de metas relativas a la disminución de CO2, esta ha sido una forma maniquea de presentar los hechos, que oculta uno de los puntos más complejos de esta temática: las emergentes tensiones de la nueva geopolítica global.

Al respecto dos consideraciones:

1.- El histórico enfrentamiento entre países ricos y países pobres en el tema ambiental: Si nos remontamos a la primera conferencia sobre Medio Ambiente Humano realizada en de Estocolmo en 1972, cuando el tema de la superación de la crisis ambiental fue asumida formalmente por Organización de las Naciones Unidas (ONU), ya entonces se manifestaron las discrepancias entre los países pobres, subdesarrollados y/o Tercer Mundo (hoy día llamados en vías de desarrollo), con los países ricos e industrializados o Primer Mundo. Para los países pobres la protección del medio ambiente tenía que ir de la mano de procesos que permitieran a sus pueblos alcanzar niveles de vida semejantes a los del Primer Mundo, tomando en consideración el nivel de atraso y pobreza en que encontraban. Para estos países, muchas de las soluciones y énfasis iniciales que proponía el Primer Mundo, les parecían injustas e inviables dado que planteaban soluciones propias a su realidad de países con un alto desarrollo científico-técnico, economías solventes y con capacidad para adecuar su producción energética-industrial a normativas y procesos menos contaminantes, pero sin reducir en un ápice el elevado estándar de vida medio alcanzado. Soluciones y criterios que, al ser implementados mecánicamente en las realidades periféricas del mundo, significaban que la posibilidad de alcanzar el pleno desarrollo para los más pobres no sólo se encarecía, sino que se alejaba considerablemente. El discurso primer mundista argumentando de que los graves problemas ambientales globales, surgidos a raíz del elevado nivel de industrialización y crecimiento económico del mundo desarrollado tras el fin de la 2ª Guerra Mundial, afectaba a todo el planeta por igual y por lo tanto todos los países, sin distinción, debían comprometerse inmediatamente con medidas para contrarrestarlos, siempre le pareció a los más pobres como un intento de los poderosos para socializar los costos de superación de la crisis ambiental pero negándose a socializar los beneficios de su alto desarrollo alcanzado. En este sentido, las voces más fuertes del heterogéneo mundo de países en vías de desarrollo, siempre fueron la de aquellos estados más grandes como el Brasil para el caso latinoamericano, China e India, para el caso asiático.

Esta fuerte pugna inicial entre países ricos y pobres, tuvo como uno de sus primeros grandes resultados la elaboración por parte de la ONU del concepto de desarrollo sustentable o sostenible (1987) y que, por lo menos en el discurso, permitió conjugar las aspiraciones de desarrollo de los más pobres con la necesaria protección del medio ambiente global. Así, 20 años después la conferencia de Estocolmo de 1972, se pudo realizar la Primera Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente en Río de Janeiro en 1992, en donde gran parte de los Jefes de Estado del planeta concurrieron con un ánimo optimista respecto de la posibilidad de alcanzar acuerdos convenientes para todos. Sin embargo, en los meses y años siguientes este optimismo comenzó rápidamente a diluirse, particularmente tras la reunión de Kioto en 1997, realizada, precisamente para contener el avance del calentamiento global, dado que, el país mas rico, poderoso e industrializado del mundo y por ende, el mayor emisor de gases invernadero a la atmósfera, EE.UU., se negó a asumirlo (el Congreso de ese país nunca los ratificó) señalando que sus medidas implicaban poner en riesgo a su cada vez menos competitiva economía, así como amenazaba a las fuente de empleo de sus ciudadanos.

2.- Los cambios en la relaciones de poder mundial en los últimos 30 año. Un segundo gran aspecto a tener en cuenta son los profundos cambios geopolíticos que vienen ocurriendo tras el Fin de la Guerra Fría. Si bien es cierto que tras el derrumbe de la Unión Soviética en 1991, el único súper-poder militar global que quedó son los Estados Unidos, en términos económicos la situación esta relativamente más equilibrada. No sólo la Unión Europea y Japón, son centros económicos gravitantes a nivel global, sino que, también, los grandes países del grupo “en vías de desarrollo”, tales como Brasil, India y particularmente China (entre otros), tienen un enorme y creciente peso especifico en el sistema económico global. En este sentido, China, en cuanto Estado Nacional, se ha posicionado como la tercera mayor economía del planeta y precisamente, su extraordinario crecimiento industrial de los últimos 20 años, la ha convertido, junto a los Estados Unidos, en el mayor emisor de gases efecto invernadero. De hecho, ambos estados, tomados en conjunto, son responsables de más del 40% de la emisión mundial de CO2. La gran diferencia entre ambos, es que a China aún le falta un largo trecho de crecimiento industrial y económico acelerado, con su consecuente nivel de contaminación de todo tipo, para alcanzar el estándar medio de vida de los Estados Unidos.

Conclusión: los desafíos de la política mundial emergente. De aquí entonces, la actual realidad nos señala que los países más ricos e industrializados del mundo no están dispuestos, por motivos ambientales, a sacrificar y/o disminuir el alto estándar de vida alcanzado además de arriesgarse a perder posiciones de poder relativo en el orden mundial emergente. Por otra parte, algunos de los países que eran más débiles y subdesarrollados, se están transformando aceleradamente en superpotencias económico-industriales y, además, con creciente fuerza militar-estratégica, como es el caso de China. Luego, lo que esta cambiando son las correlaciones de fuerza a nivel global. Particularmente, “fuerza” económica, en un complejo mundo globalizado. Lo cierto es que hoy en día no hay un poder mundial que permita que una superpotencia como los Estados Unidos sea “obligada” a firmar y/o ratificar y/o respetar acuerdos en temas globales como el referido al cambio climático. Pero tampoco existe poder unilateral suficiente, así como las condiciones en el sistema internacional, para que se obligue a China, a India y/o a Brasil, a fin de que modifiquen su política energética, industrial y/o económica de acuerdo a los parámetros ambientales que se dicten en el mundo desarrollado. Por lo tanto, desde la perspectiva tendiente a conseguir acuerdos ambientales, el mundo atraviesa por un virtual empate estratégico en cuanto a relaciones de poder. De aquí entonces, mientras no exista un pacto de fondo y realista, vale decir que satisfaga las aspiraciones de ambos mundos confrontados en Copenhague, el Primer Mundo híper-desarrollado, híper-rico e híper-industrial con su campeón Estados Unidos y el mundo en vías de desarrollo “acelerado”, con su campeón China, simplemente no habrá acuerdo posible.

Fernando Estenssoro.

Publicado: 18/01/2010

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