• 14/noviembre/2013 •

Campaña políticas y menores trabajadores

<b>Alejandro Rodríguez Undurraga</b><br>Ingeniero Comercial <br>Diplomado en RSE de la PUCV <br>Profesor del Magister "Comunicación Estrategica y RSE" de la UNAB<br>Casado y padre de 4 hijos

Alejandro Rodríguez Undurraga
Ingeniero Comercial
Diplomado en RSE de la PUCV
Profesor del Magister "Comunicación Estrategica y RSE" de la UNAB
Casado y padre de 4 hijos

​Estamos a pocos días de un nuevo proceso eleccionario, y en muchas esquinas hemos podido apreciar a menores de edad entregando volantes, blandiendo banderas y motivando a los transeúntes a votar por uno u otro candidato. Sin distinción de partido ni de cargo en disputa, miles de adolescentes destinaron durante la campaña parte de su tiempo libre a ganarse unas “lucas” trabajando para un aspirante a la Moneda, al Parlamento o a los Consejos Regionales.

Lo paradójico de esto es que en Chile existen leyes –hechas o al menos aprobadas por varios de estos mismos candidatos-, destinadas justamente a evitar el trabajo infantil y proteger a los adolescentes que, por distintas razones, ingresan al mundo laboral. La normativa señala que los menores de 15 años no pueden trabajar y que entre los 15 y los 18 pueden hacerlo, pero bajo ciertas condiciones: tener un contrato inscrito en la Inspección del Trabajo, contar con autorización notarial de los padres, no trabajar de noche, etc.

Entonces, al ver a estos menores en cada esquina del país, cabe preguntarse si se estará cumpliendo la ley con ellos. Los propios jóvenes cuentan, casi como anécdota, que en algunos comandos ni siquiera existe una nómina de quienes allí trabajan, lo que significa que si uno se accidenta o por cualquier razón no vuelve al punto de partida, nadie se entera. En una ocasión, a bordo del pick up (área prohibida para pasajeros) de la camioneta que los trasladaba a sus respectivas esquinas, una adolescente fue golpeada por el mástil de una bandera y perdió una pieza dental. Asistida sólo por sus propios compañeros, se bajó del vehículo y se fue a su casa, sin que ningún miembro del comando, ni menos el candidato, se responsabilizaran por este accidente.

Esta realidad, que en estos días es más visible, confirma que el trabajo infantil en Chile está más cerca de lo que nos gustaría y de lo que algunos quieren ver. Las cifras indican que más de 200 mil menores de 18 años trabajan en Chile, dato que considera a los menores de 15 años y a los adolescentes con los que no se cumplen sus condiciones para un trabajo protegido, definido por la OIT como aquél que cumple con la totalidad de la legalidad vigente y convenios internacionales. Sólo a los centros de salud de las mutualidades ingresan más de 1.000 adolescentes accidentados anualmente. Agreguemos a esta cifra los casos que no son notificados y los que no tienen contrato, y veremos que estos 1.000 niños son la ínfima punta de un gran iceberg, de dimensiones insospechadas.

La invitación es a darnos cuenta de que para erradicar el trabajo infantil cada uno debe aportar desde el rol que le corresponde. Los padres debemos informarnos y cuidar a nuestros hijos, los adolescentes conocer y hacer respetar sus deberes y derechos, los profesores educar a sus alumnos y detectar posibles casos de trabajo infantil, las empresas de todos los tamaños y sectores cumplir con las leyes vigentes, las autoridades fiscalizar para que éstas se cumplan, el Estado entregar las condiciones para que no se vulneren derechos y, entre todos, castigar socialmente a todos aquellos que permiten que exista trabajo infantil en nuestro país.

Alejandro Rodríguez Undurraga

imagen: elamaule.cl

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