• 03/noviembre/2009 •

Cansancio versus hastío: la diferencia para ganar una presidencial

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Tras 15 años en el poder, en 1996 terminaba uno de los períodos presidenciales en democracia más largos que haya conocido España liderado por uno de las figuras más influyentes del Partido Socialista Español (PSOE), Felipe González, quien sacudido por una retahíla de escándalos de corrupción durante su administración, sufrió una derrota política a manos del Partido Popular encabezado en ese entonces por José María Aznar. El pueblo hastiado de tanta ineficacia y malos manejos le propinó una dura caída al progresismo hispano.

¿A 40 días de las elecciones presidenciales, existe un escenario similar en nuestro país que permita vaticinar el triunfo de la Alianza por Chile tras cuatro gobiernos concertacionistas? A la luz de los antecedentes que han entregado el variopinto de encuestas que se han dado en los últimos meses, se podría caer en la tentación de homologar dicho escenario, pero para desgracia de los dirigentes opositores, existe una diferencia medular entre ambos procesos: la brecha entre cansancio y hastío.

Y esto no dice relación con un matiz semántico, sino con el estado de ánimo del electorado de cara al evento eleccionario del 13 de diciembre. Sí, porque la irrupción de Marco Enríquez-Ominami es la clara expresión de un descontento, de un malestar, pero que no alcanza a convertirse en hastío, fase necesaria para lograr que parte del electorado que siempre ha definido su voto por una opción, logre girar en 180 grados su preferencia.

De ahí que la masa crítica que actualmente se ha desafectado del pacto oficialista, se haya volcado en gran medida hacia la oferta que propone ME-O y en menor proporción a la que impulsa Jorge Arrate. Esto, porque son ciudadanos que asumen que la coalición gobernante está desgastada y, ante ese paisaje, se inclinan por una alternativa renovada que revitalice el sistema, pero que a la vez provenga del mismo mundo que siempre han respaldado: la centroizquierda.

Es el mismo tipo de votante que en segunda vuelta no está dispuesto a sufragar por ningún motivo por el candidato Sebastián Piñera, aunque Frei sea la otra alternativa para llegar a La Moneda. En ese caso, o se inclinarán por el senador DC o dejarán su papeleta nula o en blanco, como lo expresan los sondeos que han medido esta variable.

Por eso se ha instalado el temor en los círculos de derecha de que el empresario RN no logre superar los 40 puntos en primera vuelta, ya que no tendrá mayor margen de acción para alcanzar el 10% o más que requerirá para lograr la mayoría absoluta. De hecho, el propio presidente de su tienda, Carlos Larraín, volvió a insistir en lo pesada que se le pondrá la pista al dueño de LAN en el balotaje, ratificado por los recientes estudios de opinión que muestran tanto a ME-O como Frei sobre “Tatán”.

Es cierto, la ciudadanía está cansada de tanta política pública fallida, de la inoperancia para controlar la delincuencia, de la falta de voluntad para resolver el maridaje de la educación chilena, del caudillismo, el nepotismo y los abusos de poder, pero ese aburrimiento es un sentir hacia el sistema político en general, que de forma transversal afecta a todos los sectores y partidos, opacando también las aspiraciones del representante opositor y no exclusivamente las del oficialismo.

De ahí que la candidatura de ME-O se haya transformado en un verdadero bypass para la Concertación, evitando que sus arterias se taparan y facilitaran el triunfo de la oposición, ya que el voto de descontento lo contuvo el diputado ex PS. Para lograr que ese malestar se convirtiera realmente en un trasvasije de votos, la derecha no sólo debió apelar al cansancio de la ciudadanía, sino que paralelamente entregar una oferta de gobierno que canalizara dicho descontento, lo que hasta ahora no ha ocurrido.

Al ser cansancio y no hastío lo que manifiesta una parte de la ciudadanía hacia la coalición de gobierno, hace que sus intenciones de voto sean menos permeables, dificultando la posibilidad de que crucen la frontera y no atreviéndose a modificar sustancialmente su escrutinio.

Apostar al mero desgaste de la Concertación fue una jugada muy débil y mediocre de la Alianza por Chile, que en la recta final, cuando los indecisos comienzan a manifestar sus preferencias, puede resultar fatal para lograr el arribo definitivo a la casa de gobierno.

Carlos Cuadrado S.

Publicada: 02/11/2009

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