• 06/abril/2010 •

Chile, un país de palitos

<b>Jorge Sanz Jofré</b><br>Analista Internacional, Profesor de Geopolítica, Magíster en Ciencias Militares, Doctor © en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Local por la Universidad de Castellón, España

Jorge Sanz Jofré
Analista Internacional, Profesor de Geopolítica, Magíster en Ciencias Militares, Doctor © en Ordenamiento Territorial y Desarrollo Local por la Universidad de Castellón, España

He buscado distintas fórmulas para expresar mis sorpresas respecto del terremoto que nos azotó el 27 de febrero; voy a abusar de esta columna.

La primera sorpresa dice relación con la violencia del sismo en sí mismo que nos mantiene en el top ten de los terremotos; un terremoto que se nos viene anunciando hace muchos años con dos zonas probables: la que resultó afectada y la zona norte. Es que nadie puede predecir un terremoto nos decían una y otra vez, pero…no creo en brujas decía mi abuela, pero parece que de haberlas, las hay.

La segunda de las sorpresas se refiere a la impresión que significaron, para mí como para (casi) todos, los saqueos y he intentado encontrar respuestas. Algunos sostienen que existen razones y parece ser que hay muchas pero entre ellas hay una que me hace más sentido y dice relación con un relativismo moral que nos tiene un tanto mareados o desconcertados. Escuchar a una Gran Autoridad justificar que una persona robe me parece increíble… alguien me va a decir ….es que es sólo leche para sus hijos….., sin embargo para mí y acepto que puedo estar equivocado, botar rejas, abrir mamparas, entrar a la propiedad privada y sacar algo que no me pertenece es un robo. Muchas veces me he preguntado si esto tendrá relación con la discusión sobre el aborto en que los jóvenes nunca entendieron si era bueno o malo, con la píldora en que nunca se estableció si era buena o mala, con los Carabineros que si no actuaban eran responsables y si ejercían sus “atribuciones” alguno salía de baja; con los grandes hechos de corrupción en que nunca se llegó a nada y hay millones de dólares en pérdidas y ningún responsable, bueno, en fin, siempre se relativizó el bien y el mal. Alguien me podrá decir, en aras del progresismo, que depende del cristal con que se mire y ahí quedaré… ¿está bien o mal?

Pero también hay una tercera sorpresa. Durante años se nos transmitió que estábamos en las ligas mayores, en el camino al desarrollo acelerado, cercanos a las grandes potencias, grandes concesiones de obras faraónicas, pensando en el tren rápido, índices superiores a la media, continuamente nos comparábamos con lo que otros había hecho, la gran obra se sostenía, miradores en menos con nuestros vecinos; esto de estar en el “primer mundo” nos puso altaneros y nos bastó un remezón para darnos cuenta que ni siquiera teníamos teléfono para comunicarnos entre Santiago y Talca; que una institución que aparecía todos los días en televisión como la Onemi y que enviaba aviones con ayuda a otros países, era sólo una oficina en Santiago, que ni siquiera tenía un fax que hiciera legible un mensaje del Shoa . Y pensar que hace 20 años la red de emergencia la integraban los radio aficionados que nunca se quedan sin contacto pero, alguien los eliminó y “reorganizó” a la red de emergencia y transformó a Onemi en una oficina. ¿de coordinación? ¿a quién coordinaba?, ¿de información? ¿informó el tsunami?, ¿de sismología? ¿Cuándo supo la magnitud y epicentro del sismo?

Desde que nacimos sabemos que estamos frente al mar y que tiembla; no puede ser posible que en este país de Alicia en que vivíamos el Shoa afirme que no tenían una radio AM/FM para escuchar las noticias ni televisor para ver los canales. ¿Tenían luz?, ¿tenían un sistema alternativo de energía?, ¿la fuente del Shoa era “la tele”?

Chile de Alicia no era el de las maravillas, había creado miles de ONG’s pero ninguna que sirviera al Estado, ninguna para comunicarnos alguna emergencia, para conectarnos.

No hablemos de lo que se ha caído, de las miles de personas que están en condiciones menos que mínimas; esos son hoy el objeto de reemplazo en el discurso de los promotores de Alicia.

Los mismos que nos hicieron creer que estábamos en el país de Alicia hoy reclaman por que no se ha materializado un plan urgente de reconstrucción. ¿Había algo con que reconstruir? ¿No era necesario saber cuánto se había caído antes de entregar los dineros sin control?

En el país de Alicia ya se habían asignado dineros, por ejemplo para el Teatro a Mil del próximo verano. Dejemos constancia que ha dejado de ser a Mil y que en mi impresión no es tarea del gobierno traer a la muñeca gigante. Es preferible contar con teléfonos satelitales (no tengo nada contra la organización Teatro a Mil, es sólo para el ejemplo).

¿Por qué los que dirigían el libreto de Alicia no detuvieron esta entrega de dineros y la redestinaron a la reconstrucción urgente que hoy reclaman? Habiendo tenido tiempo entre el 27 de febrero al 11 de marzo para hacerlo. Alguien dirá que es necesario “Pan y Circo” OK, pero hoy necesitamos más pan….

Cuando era muy chico, hace muchos años y el camino aún era de tierra, fui a la hermosa ciudad de Castro en la no menos hermosa Isla de Chiloé, y me llamaron la atención los palafitos. Salían en las fotos de Castro, eran la postal de Castro; mi desilusión es que cuando me acerqué a ver esta postal me di cuenta que lo que había debajo de las casitas sobre palitos: eran los desechos humanos que se los llevaba el mar cuando subía la marea. El terremoto nos ha mostrado que éramos un país de palitos.

Al igual que los palafitos, salíamos muy bien en la foto hasta que alguien, la naturaleza, nos bajó de la soberbia y nos demostró que no éramos quienes creíamos ser.

Alicia, la del país de las Maravillas siempre deja alguna lección.

Jorge Sanz.

Publicado: 06/04/2010.

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