• 11/junio/2013 •

¡Chiquillas, Déjenme Vivir mi Vida!

<b>Hermógenes Pérez de Arce</b><br>Columnista, Político y abogado.<br>--<br><a target="_blank" href="http://blogdehermogenes.blogspot.com/">Pagina Web</a>

Hermógenes Pérez de Arce
Columnista, Político y abogado.
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Esta mañana caminaba por Providencia cuando a mi lado oí que alguien le mandaba saludos a mi mamá. Desde hace años he estado acostumbrado a que esto suceda cuando Isabel Allende me alude en televisión. Porque nunca lo hace en términos favorables y, peor todavía, me dedica toda suerte de invectivas por, supuestamente, ser yo titular de una pensión como exonerado político. Pero, como ya he explicado en este blog, jamás he cobrado una pensión de exonerado.

Sólo me cabe atribuir la odiosidad de Isabel (a quien, por otra parte, admiro, por haber sobrevivido apenas a la misma operación quirúrgica hecha por el mismo cirujano a Frei Montalva) a que yo me he referido en diversos escritos, y creo que también más de alguna vez oralmente, a los sobornos que recibió su padre, Salvador Allende, acreditados por fuentes fidedignas, como el, en su tiempo, embajador de los Estados Unidos, Edward Korry, y el agente del KGB exiliado, Dimitri Mitrokhin. El primero detalló la conversación que tuvo con el gerente de una empresa cuprera norteamericana expropiada por Allende, donde el mismo le refirió los pagos hechos al presidente a cambio de alguna indemnización; y el ex agente ruso describió, en su «Archivo Mitrokhin», los abonos que el KGB hacía a Allende desde mucho antes de que fuera presidente, y precisó tanto los montos de las remesas como la «chapa» que usaba el líder socialista como agente, que, si mal no recuerdo, era precisamente «Líder». Entonces, no deja de ser importante que el personaje ungido por votación popular como el «Más Grande de la Historia de Chile» se las haya ingeniado para lucrar al mismo tiempo a costa de las dos grandes potencias de nuestro tiempo. Sólo un «grande» podía lograr eso.

Bueno, el hecho es que averigüé si Isabel de nuevo las había emprendido en mi contra, pero fui informado que está fuera del país y que no tiene la menor gana de regresar, porque se ha descubierto que patrocinó y certificó a mil cien supuestos exonerados que no eran tales, por cuyo motivo puede hasta haber incurrido en causal de desafuero de su cargo de senadora. Así es que la declaro inocente de haberme aludido, en ésta y sólo en esta ocasión.

De modo que me quedé con la duda acerca de qué habría podido «gatillar» los saludos a mi mamá recibidos en la calle esta mañana, hasta que abrí este blog y, a través de uno de sus comentaristas, me enteré de que en su entrevista a «El Mercurio» de ayer Michelle Bachelet, cuando se le dijo: «Los diputados Guillermo Teillier y Carlos Montes mantienen el beneficio aun percibiendo sueldo», respondió textualmente: «Hay gente que está muy impresionada por Sergio Onofre Jarpa y Hermógenes Pérez de Arce. Lo más probable es que recibieron este tipo de compensación mucho antes de tener la situación actual y la ley no define que las personas al tener trabajo pierdan el beneficio».

Pero el caso es que yo nunca he recibido ningún beneficio como exonerado ni pensión alguna, y aunque admito que pueda haber, como dice ella, «gente que está muy impresionada» por mí, ello tiene que deberse necesariamente a razones diferentes del hecho de recibir una compensación, pensión, prebenda, beneficio o cariño fiscal de los que disfrutan a esta fecha 157 mil compatriotas, de los cuales cien mil, como lo probara anoche en «Tolerancia Cero» la Ministra Evelyn Matthei, nunca fueron exonerados de ningún cargo por el Gobierno Militar.

Sobre este tema hay algo que nadie ha dicho: se habla de «exonerados políticos», pero una de las tares más urgentes que debió enfrentar la Junta convocada por la mayoría democrática civil que votó el Acuerdo de la Cámara de Diputados de 22 de agosto de 1973, fue el de terminar con la hiperinflación desatada por el gasto fiscal descontrolado y la creación de una deficitaria «área de propiedad social».

Como gran parte del armamentismo fomentado por el gobierno de la Unidad Popular (recuérdese que hasta fueron sorprendidas portando armas ilegales camionetas inscritas a nombre de la Presidencia de la República, y sólo gracias a que sufrieron accidentes de tránsito) estaba destinado a paramilitares que figuraban como funcionarios de la administración pública y empresas intervenidas, una de las medidas urgentes para restablecer los equilibrios macroeconómicos básicos fue la de reducir el personal supernumerario de todas esas reparticiones y entidades. No se trató de «exoneraciones políticas», sino de una perentoria necesidad económica de equilibrar los ingresos con los gastos públicos.

En todo caso, la útil explicación anterior no fue la que motivó este comentario, sino una sentida y resuelta petición a estas dos caracterizadas chiquillas del ambiente político local, Isabel Allende y Michelle Bachelet, en el sentido de que dejen de nombrarme para los efectos de señalar que soy un exonerado pensionado, porque no lo soy ni jamás lo he sido y porque, en consecuencia, resulta del todo injusto que en la calle deba recibir al pasar saludos a mi mamá que no tienen el menor fundamento político, económico, social ni moral.

Hermógenes Pérez de Arce

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