• 11/diciembre/2019 •

Comunicación política: deterioro galopante

<b>Jorge Gillies</b><br>Periodista y académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de la Comunicación Social, UTEM

Jorge Gillies
Periodista y académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de la Comunicación Social, UTEM

La crisis política y social que se encamina a su segundo mes tiene entre sus víctimas a la comunicación política, entendida como la capacidad de articular un lenguaje común, aunque no necesariamente compartido. Por el contrario, lo que impera en la actualidad son discursos parcializados, en que cada actor político habla a su propio sector y ni siquiera en ello es exitoso.

Quizás el único ejemplo de comunicación política transversal que se mantiene vigente es el plebiscito o consulta comunal convocado para el 15 de diciembre: transversal, porque se genera una acción común entre autoridades municipales, diversos sectores políticos, y la ciudadanía.

Todo el resto es fragmentación y deterioro, partiendo desde luego por las redes sociales, donde el lenguaje maximalista y las informaciones falsas han alcanzado niveles de paroxismo.

Pero la política establecida no brinda ejemplos mejores. Es cierto, se logró un acuerdo inicial para avanzar en el llamado al plebiscito constitucional del 26 de abril, pero no se pudo avanzar en torno a temas como paridad de género y cuotas reservadas a los pueblos originarios en la Convención Constituyente.

Tampoco se registran avances que sean percibidos como sustantivos en materia económico-social, prevaleciendo la impresión de que lo ofrecido por las autoridades es sólo paliativo y no cambia la esencia del modelo imperante.

Peor aún, se profundiza la impresión de que la elite política sigue encerrada en su burbuja, empecinada en defender sus propios intereses corporativos.

Hay deterioro político comunicacional en el gobierno, que aparece actuando reactivamente y que se enreda en el lenguaje incluso cuando comunica aspectos positivos, como sucedió con el insuficientemente aclarado bono de fin de año.

Pero lo hay también en la oposición, que carece de un proyecto común y un liderazgo compartido y donde se llega al extremo de que dirigentes relevantes terminen arrepintiéndose y pidiendo disculpas por medidas aprobadas 24 horas antes.

Y hay daño comunicacional en el propio movimiento social, cuyo apoyo tiende a decaer entre la ciudadanía en la medida que se mantiene el saqueo y el vandalismo social y la economía se resiente palpablemente.

De cara a este diagnóstico, el solo hecho de llegar a realizarse el llamado plebiscito de entrada del 26 de abril podría ser interpretado como un logro. Aun así, se requerirá de un esfuerzo muy contundente de reconstitución comunicacional por parte de los actores políticos emergentes y tradicionales.

 

Jorge Gillies
Académico de la Facultad de Humanidades y Tecnología de Comunicación Social, UTEM.

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