• 20/mayo/2010 •

Con o Sin Celibato

<b>Carlos Livacic</b><br>Sociólogo de la U. Central.

Carlos Livacic
Sociólogo de la U. Central.

Por estos días, creo que es muy difícil abstraerse de la dinámica noticiosa, en cuanto a los avatares que está padeciendo la Iglesia Católica, debido a ciertas conductas que en Chile y en el Orbe, están saliendo a la luz pública, y donde se culpa a miembros de sus filas, como actores de descrédito gravitante en el ejercicio de su labor pastoral. El hecho, sin lugar a dudas, se aprecia como una noticia de gran impacto, tanto por la falta en sí, pero de mayor manera, por las personas que incurren en dicha conducta.

Es innegable, que a las personas que profesan en su vida diaria y doctrinal, la moral, la rectitud y la vida limpia de todo tipo de excesos como parte de su quehacer y virtud, mayor a de ser la trascendencia, negativa en este caso, cuando padecen de las mismas debilidades que demonizan, y de las cuales, no tienen ningún tipo de contemplaciones, cuando deben dar el sermón público de la vida de otros.

Por eso mismo, es que en situaciones de debilidad de los tuyos (miembros de la iglesia), no se puede anteponer la labor pastoral o social de dicho organismo, porque más allá de creencias más o menos, dicha labor no esta en cuestión en este análisis, creo que las cosas, deben separarse, y plantearse en la dimensión que corresponden, hay que proyectar las cosas, a la luz de los antecedentes, y ocupar dentro de tus prácticas internas, las misma vara que sueles emplear para el resto de los ciudadanos.

La credibilidad de una institución, no sólo debe medirse desde el reconocimiento de una situación anómala o indeseada por alguien de nuestras huestes, sino que muy por el contrario, dicha cualidad enunciada como don que nos diferencia del resto de las instituciones, debe reflejarse o transmitirse, mediante el tratamiento que empleamos para atender estas demandas, y las soluciones que se implementan posteriormente.

Es ahí cuando podemos plantear la sinrazón de muchas cosas que se aprecian por parte de la iglesia católica en situaciones de este tipo, que es bueno aclarar eso sí que muchas de las acusaciones que están plasmadas a nivel de imaginario colectivo y de orden social, hoy son proceso de investigación, por lo tanto no podemos sancionar a nadie de manera apresura.

Pero sin lugar a dudas, es interesante recalcar, que las denuncias no han sido planteadas desde las propias filas de dicha institución, sino que, son el resultado de la demanda de terceros, cuando además, dichas acusaciones llegan a buen puerto, ya que los mismos afectados en casos como los mencionados, y en situaciones anteriores (otras denuncias), son derivados y conminados a desdecirse de la denuncia. Al parecer, no hay igual tratamiento para los externos en falta, que para los miembros de su credo.

A esta altura, y más allá de la posición que podamos tener, creo que ciertos procedimientos de relaciones que nos demanda la vida moderna, no parece beneficioso para nadie, los privilegios, y las ventajas de hecho que puedan tener. La misma institución, ha señalado en estos días, la transparencia como medio de relacionarse con la comunidad en general, pero del mismo modo, habría que emplear, o mejor dicho, ampliar el sentido del término, en todo lo que respecta a la vida institucional, como también de sus miembros.

Si bien la transparencia, debe ser una cualidad “xine qua non” para todos nosotros, en este caso, y revisando las faltas cometidas por la iglesia católica, y no estamos hablando de situaciones aisladas, la vara debe ponerse más alta. La credibilidad, no es una virtud que se debe impugnar o exigir por el hecho de ser quién digo ser, sino que también, debe venir acompañada de ciertos actos que en este caso no se han cumplido, tanto por los infractores de los delitos, como por quienes deben velar que este tipo de cosas no queden en el anonimato.

Puede que al leer estas palabras, un tercero o lector, crea que estoy haciendo leña del árbol caído, y si agregan a eso mi “no fe en un credo específico”, señalen también, que mi comentario está cargado de cierta indiferencia o molestia por situaciones contrarias a lo que hace o dice hacer la institución aludida.

Pero más allá de relaciones más o menos, creo que ha llegado la hora que en Chile generemos algunos cambios en la vida diaria, donde se considere la posibilidad desde una perspectiva social y ciudadana, que no existen a nivel de relaciones sociales y de orden democrático; los privilegios, ni tampoco las omisiones. Que podamos aplicar la máxima que todos debemos ser parte de un proceso de mayor equiparidad en las exigencias, como también de los beneficios. Que la idea, sea nivelar en pos de la mayor apertura, y no del secretismo, para que de ese modo, podamos sentir, que no hay unos por sobre de otros, y que por lo mismo, más allá de las denuncias, no se radicalicen las posiciones. Lo anterior permitirá, evitar que los ánimos se exalten, y los culpables con privilegios queden en el olvido. La efervescencia de la discusión, suele cansar a los demandantes y dejar impunes a los culpables que ostentan ciertos privilegios.

Carlos Livacic.

Publicado: 20/05/2010

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