• 15/agosto/2009 •

Conflictos en la Araucanía

<b>Matías Gómez Venegas</b><br>Licenciado en Filosofía de la Universidad de Chile y Magíster en Filosofía de la misma casa de estudios. Catedrático de la Universidad Andrés Bello y de la Universidad Arturo Prat. Además, escritor de ensayos y poesía.

Matías Gómez Venegas
Licenciado en Filosofía de la Universidad de Chile y Magíster en Filosofía de la misma casa de estudios. Catedrático de la Universidad Andrés Bello y de la Universidad Arturo Prat. Además, escritor de ensayos y poesía.

De forma tradicional se nos ha venido enseñando a nosotros, los chilenos, que la historia de guerras y batallas entre españoles y araucanos, entre chilenos y mapuches se extendió por casi trescientos años. Según la historia tradicional, este conjunto de conflictos ha quedado zanjado hace mucho gracias al establecimiento del Estado chileno y de la impulsión, por parte de éste, de políticas de pacificación e inclusión dirigidas hacia los pueblos originarios. En virtud de esto, para la conciencia colectiva de los chilenos existe sólo una verdad histórica: la pacificación de la Araucanía es un asunto resuelto y los conflictos que año a año son protagonizados en el sur de Chile por pobladores mapuches no pasan de ser fenómenos aislados, política y socialmente irrelevantes.

Sin embargo, lo cierto es que en el campo de las ciencias históricas las cosas no son tan claras ni tan categóricas, lo real es que la historiografía, a pesar de toda la rigurosidad de la que se pueda ataviar, no es más que un relato ficticio, perspectivista y limitado que se proyecta sobre el imaginario de una cultura.

En América, al igual que otras muchas latitudes, la instauración de los Estados fue el resultado de largos procesos bélicos en los que se enfrentaron colonizadores y pobladores originarios. El establecimiento del Estado chileno es un momento en el proceso de colonización, por medio del cual se aseguró la primacía la cultura occidental por sobre la de los pueblos mesoamericanos. El asentamiento de un estado de Derecho fue, y sigue siendo, una herramienta esencial para lograr la consumación de este fenómeno de dominación, en tanto asegura la validación de prácticas sociales, creencias, valores y modos de producción europeos, a la vez que implica el desplazamiento de aquellas creencias y dinámicas propias de los pueblos originarios. El hecho es que del enfrentamiento de estas dos cosmovisiones inconciliables, – en tanto de ellas se derivan formas de habitar, idealizar y existir incompatibles -, una (en este caso, la cosmovisión mapuche) permanece sujeta, recluida y obstruida, mientras que la otra (esto es, la cosmovisión occidental proyectada por los chilenos) queda arraigada y fortalecida por mecanismos políticos como el Derecho.

En consecuencia, los conflictos que se han suscitado en el sur de Chile no son, ciertamente, fenómenos aislados; al contrario, se trata de una larguísima problemática socio-cultural aún no resuelta. La inconmensurabilidad de las perspectivas hace dificultosa la disipación de este problema, a menos que el Estado chileno decida otorgar al Pueblo mapuche un grado de autonomía geopolítica, que permita a sus miembros vivir de acuerdo a sus creencias y costumbres ancestrales. Sin embargo, parece ingenuo suponer una resolución de esta naturaleza, en la medida que la política continúa siendo pensada y aplicada en este respecto como herramienta colonizadora. La política es la guerra y su inestabilidad mantenida por otros medios.

Matías Gómez Venegas

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