• 10/febrero/2013 •

Contar hasta diez

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Esta semana hubo dos episodios que demostraron nuestra tendencia como chilenos a hablar sin pensar demasiado.   El primero de ellos, la denuncia de que Pablo Mackenna habría realizado tocaciones a una menor de edad; la segunda, el video que mostraba a un grupo de soldados cantando frases ofensivas contra los países vecinos.

El primero de estos casos fue el más claro, ya que a las pocas horas se dio a conocer la filmación de una cámara de seguridad que mostraba la escena y dejaba bien poco espacio para cualquier tipo de abuso deshonesto.   Las imágenes parecían confirmar que alguien parecido a Mackenna -la calidad era mala- efectivamente se sentaba al lado de la niña durante 16 segundos, lo que no da tiempo para casi nada.

De todos modos, el proceder de la Fiscalía es el correcto.  Ante la existencia de una denuncia se debe investigar, sin prejuzgar si el denunciado puede o no ser responsable o si la denunciante es creíble, ya que también se conocieron con el paso de las horas algunos antecedentes de la madre que permitían colgarle el cartel de poco confiable.

Sin embargo, en las redes sociales la reacción fue inmediata: Pablo Mackenna “es un pedófilo” y la madre una “inconsciente”.

El segundo caso es más complicado porque el video es clarísimo y no hay forma de justificar los comentarios de los marinos chilenos sobre los nacionales de los países vecinos, pero sí el paso de las horas permitió concluir que lo mismo ocurre en todos lados y que, en definitiva, el error fue principalmente entonar el canto en la vía pública, justo en temporada de turistas, pero antes de eso se habló de un incidente internacional, de llamados a la solidaridad mundial contra un “acto de agresión” y hasta se alcanzó a pedir la destitución de los soldados que sólo se limitaban a repetir las consignas del instructor, ello sin contar con quienes respaldaban la letra del canto y casi pedían un ataque armado contra los vecinos.

En definitiva, en ambos casos las opiniones son lapidarias y concluyentes, y cuando las situaciones se van aclarando en vez de que las personas se excusen por sus comentarios, en la medida que afectan el prestigio de los involucrados o la paz entre vecinos, simplemente se cambia el tema y se busca a alguien más sobre el cual descargar la insidia típicamente criolla.

Mi abuelo tenía razón en eso que me decía: “Piensa mal y acertarás”.  Si estuviera vivo en estos tiempos es posible que hubiera agregado algo como “pero no lo dejes por escrito”.

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