• 29/septiembre/2014 •

Contra los abusos, Ciudadanía Activa.

<b>Hernán Narbona Véliz</b><br><b>@hnarbona</b><br><b>periodismohnv.blogspot.com</b><br>Poeta, Escritor, Administrador Público y Licenciado en Relaciones Internacionales. Periodista Independiente, autor del libro "Crónica de Dos Siglos", 2010, Fondo Editorial Periodismo-Probidad

Hernán Narbona Véliz
@hnarbona
periodismohnv.blogspot.com
Poeta, Escritor, Administrador Público y Licenciado en Relaciones Internacionales. Periodista Independiente, autor del libro "Crónica de Dos Siglos", 2010, Fondo Editorial Periodismo-Probidad

El último caso fue la colusión de los productores de pollo donde 3 avícolas, Ariztía, Agrosuper y Don Pollo se concordaron para hacer quebrar a un competidor, La Cartuja, y luego subir los precios. La Fiscalía Económica aplicó una multa histórica pero muy inferior a lo que esas empresas ganaron por manipular el mercado. Esa multa va a las arcas fiscales, pero los consumidores afectados no reciben ninguna reparación.

Recordemos que antes estuvo la colusión de las farmacias, los cobros improcedentes a los clientes de Cencosud, el caso de La Polar donde se sancionó a los imputados a clases de ética y unas multas ridículas. El cuento sigue con el Banco Estado, que luego de cambiar pomposamente de nombre, aplicó tasas de mantención a las cuentas de ahorro, tragándose los ahorros de miles de ahorristas que tenían sus libretas de por vida, desde que se fundara la Caja Nacional de Ahorros.

Las livianas sanciones pecuniarias con que se castiga a quienes son detectados en malas prácticas, han provocado indignación en la ciudadanía, que ha pedido fijar penas aflictivas de 5 años y 1 día a estos delincuentes de cuello y corbata. Pero eso será de difícil logro mientras esos grupos que abusan ejerzan presiones sobre los políticos a quienes financian sus campañas.

Se ha comprobado que escandalosamente los parlamentarios gestionan en defensa de quienes los patrocinan en sus campañas, en vez de defender el interés general en forma transparente. Frente a esta realidad ha surgido un movimiento ciudadano transversal que no maneja ningún grupo político y que ha llamado a dejar de comprar a esas empresas que han abusado. De esta forma, el consumidor ejerce, dentro de las reglas de la sociedad de mercado, su soberanía, comprar o dejar de hacerlo, buscar otras alternativas.

Dejar de consumir pollos por un mes ha sido una convocatoria que se extendió por las redes sociales en una sanción ciudadana que busca actuar coordinadamente en defensa de los consumidores, ciudadanos indignados. El sistema apuesta al individualismo, pero, en forma sorprendente, comienzan a cundir como reguero de pólvora estas convocatorias de boicot a productos de las firmas abusivas. Si la gente se compromete a dejar de comprar por una toma de conciencia colectiva, los resultados están por verse, pues sería un paso extraordinario hacia una mayor y efectiva participación ciudadana, no violenta, pero potente como respuesta a un sistema distorsionado por la concentración del poder y la riqueza.

Hernán Narbona Véliz

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