• 01/agosto/2009 •

Crisis educacional: mucho más que el SIMCE o la PSU

<b>Selma Simonstein</b><br>Decana Educación U. Central.

Selma Simonstein
Decana Educación U. Central.

Tenemos hoy un sistema de educación estancado y segmentado. Una educación pública desmantelada y sin proyecto educativo nacional, mientras que sus profesionales principales, los profesores, han sido sistemáticamente desvalorizados, y por ello, desmoralizados, tensionados, desmotivados en medio de una vocación que resulta difícil sostener.

En este contexto, consideramos que el debate también se ha alejado de las verdaderas razones de la crisis educacional, que no radica en los bajos puntajes de mediciones como el SIMCE o la PSU, si no en una educación sustentada en teorías económicas, que trascienden a los modelos de acción, aprendizaje y evaluación.

El modelo de gestión economicista se traduce en nuestra realidad, en el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación, que actúa a través del control social, descartando las necesidades reales de alumnos y docentes.

Éste es un instrumento clave de estancamiento, de desprestigio de la educación, de desmoralización de los docentes, de desviación de la educación de sus fines y de empobrecimiento de los aprendizajes, porque sólo se centra en la estandarización y no en la diversidad de una educación integral.

En ese contexto, no necesitamos más aulas frontales en las que todos hagan lo mismo, a la misma hora y de la misma forma, sino espacios en los que se consensúen los contenidos a aprender, según los reales y desafiantes intereses de todos los participantes.

Ello exige programas de trabajo y currículos flexibles y adaptables, con sólo algunos contenidos mínimos, con docentes capaces de efectuar una real mediación de los procesos cognitivos y socio afectivos de sus estudiantes, facilitando aprendizajes por descubrimiento, por inferencia, por investigación. Con una evaluación continua que aborde la integralidad del ser humano, no sólo desde los ámbitos cognitivos o conceptuales sino también a partir de lo socioafectivo, valórico, motriz y comunicacional.

También se requiere de docentes universitarios capaces de colaborar en las habilidades y destrezas de sus estudiantes, apoyándolos en el proceso y la utilización de los espacios reales de desempeño profesional: prácticas desde el inicio, intensas y guiadas por diversos especialistas de la educación, en didáctica, en evaluación y en mediación.

El diagnóstico de nuestra enferma educación está hecho desde diversos frentes, sólo falta aceptarlo y aplicar rápida y drásticamente un tratamiento que elimine la parálisis en la que nos encontramos y que a partir de ello se comience a sanar desde dentro del sistema, en las aulas -escolares y universitarias- los vicios y errores que hasta ahora no hemos sido capaces de combatir.

Selma Simonstein

No habrá desarrollo personal, social, cultural y económico, sino mediante una nueva educación que supere este sistema y que reflexione permanentemente en torno a lo pedagógico, como un proceso para formar personas con un pensamiento crítico, con apertura y valoración de la diversidad humana y natural.

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