• 13/abril/2010 •

Cuasimodo to my way (Polonia Llora)

<b>Loreto Ibañez Fontan</b><br>Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

Loreto Ibañez Fontan
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

Si hay canción que, a lo largo de mi existencia, he covertido en himno, esta es «My Way». Me da exactamente lo mismo si la versión es la típica de Frank Sinatra, la de Sex Pistols, o la «punkísima» de Nina Hagen… el asunto es que, no sé si para mal o para bien, algo que me supera desde siempre decidió que no yo, sino mi vida, siguiera un rumbo a su manera…

«Regrets, i’ve had a few;

but then again, too few to mention.

i did what i had to do

and saw it through without exemption.

I planned each charted course;

each careful step along the byway,

but more, much more than this,

i did it my way.

Yes, there were times, i’m sure you knew

when i bit off more than i could chew.

but through it all, when there was doubt,

i ate it up and spit it out.

i faced it all and i stood tall;

and did it my way».

(Arrepentimientos, he tenido unos pocos.

Pero igualmente, muy pocos como para mencionarlos.

Hice lo que debía hacer.

Y lo hice sin exenciones.

Planeé cada programa de acción,

Cada paso cuidadoso a lo largo del camino.

Y más, mucho más que esto,

Lo hice a mi manera.

Sí, hubo oportunidades,

Estoy seguro que lo sabían,

Cuando mordí

Más de lo que podía masticar.

Pero al final,

Cuando hubo duda,

Me lo tragué todo y luego lo dije sin miedo.

Lo enfrenté todo y estuve orgulloso,

Y lo hice a mi manera».

Hasta ahora, fácil no ha sido, pero si lo dijera «Jalisco»… mal que mal, ha sido to «My Way»… es decir a mi manera, o a mi modo… justamente el recién pasado domingo, por una invitación como todas las que recibo, de casualidad y a última hora (¿cuándo llegará el fin de semana en que un «galán»… así sea a su propia manera me invite a salir?), aparecí de pronto e la localidad de El Monte, a escasos kilómetros de Santiago de Chile, pero los suficientes para dejar atrás la urbe y adentrarme en lo más folclórico de lo rural (¡quien me creyera! pero juro que tengo pruebas)

Mi super My Way, varió un poco su traducción, y lo que pudo haber sido otro domingo «A mi Modo», fue un súper domingo de Cuasimodo… apuesto que muchos olvidaron tal tradición, pero yo la gocé, como pocas de las cosas que gozo ( aunque cuando de gozar se trata me declaro una «multigozadora»)

No es para contar cómo, pero el asunto es que aparecí en la casa de la Familia Roa, chilenos de veras, con horno de barro, tortillas de rescoldo y pastel de choclo… odié levantarme temprano, pero créanme, valió la pena…

«La Fiesta de Cuasimodo es considerada una expresión de religiosidad popular característica de la Zona Central de Chile, y desde sus orígenes, en la época de la Colonia, se celebra el domingo siguiente a la Pascua de Resurrección». (Les recuerdo que mi Resurección de la semana pasada no fue mera celebración, sino Resurección a secas, pues casi quedo en el más absoluto abandono tras un terrorífico «paseo» al Valle de Elqui (quien quiera detalles macabros, que compre derechos de autor espere que se transen las acciones)

«El nombre de Cuasimodo tiene su origen en el texto latino de la antífona introductoria del domingo después de Pascua de Resurrección: “Quasi modo geniti infantes” (“como niños recién nacidos”), tomada de la Primera Carta del Apóstol San Pedro»… y esa era precisamente mi cara de asombro… entonces no pude entender cómo es que Cuasimodo se llama también el mítico y monstruoso jorobado de Notre Dame… pero después pensé «se ve las caras, no corazones» y seguramente aquel jorobado era o es tan bondadoso, como un recién nacido)

A raíz de los reiterados asaltos a los religiosos que llevaban las hostias en cálices y copones de oro, los sacerdotes se hicieron acompañar por huasos a caballo.

«Esta singular expresión de la piedad popular, definida por Juan Pablo II como un «verdadero tesoro del pueblo de Dios» (La Serena, 5 de abril de 1987), es el cumplimiento de una disposición establecida en el Concilio de Trento, de comulgar una vez al año, en Pascua de Resurrección. Con este objeto, el sacerdote lleva la comunión a los enfermos, ese día, acompañado de jinetes, ciclistas y carruajes engalanados, en un ambiente de devoción y alegría»

¿Qué si leí la prensa? Por DEBER, no por PLACER, como hago habitualmente, por eso puedo afirmar que si bien mi domingo fue no to My Way sino de CUASIMODO (o casi a mi modo), me impactó el trágico accidente aéreo que dejó a Polonia sin «cúpula política y militar»… una tristreza doble para un país como Polonia, pues si bien políticos y militares, antes que nada son seres humanos, un país como Polonia tiene una historia tan desgarradora como de Resurrecciones… el avión en que viajaban 97 personas, se estrelló al intentar aterrizar en el aeropuerto ruso de Smolensk, muy cerca del lugar donde en 1940 22 mil polacos murieron masacrados durante la segunda guerra mundial. ¿A qué viajaban estos polacos que fallecieron en el accidente aéreo? a conmemorar la muerte de quienes perdieron la vida cuando la paz era apenas un sueño muy lejano al de un domingo de Cuasimodo, chileno, como hoy día… «La vida, la vida quita»… Resurecciones y muertes, sin una no es posible la fe de pensar en la otra.

Saint Exupery era un piloto, y ahí nos dejó como legado «El Principito»… recordar es la escencia en la memoria, y nuestros muertos vivirán para siempre en ella (me lo confesó en secreto, esta tarde un tal jorobado de otro cuento llamado «Cuasimodo», aprendí, que no siempre las cosas resultan del modo que uno quisiera.)

Loreto Ibáñez Fontan.

Publicado: 13/04/2010

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