• 11/junio/2018 •

Cultura de la Corrupción

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
--
Pagina Web

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Empresarios financiando a políticos, políticos protegiendo a empresarios; curas y alta curia repartiendo bendiciones y los bendecidos amparándolos en la esperanza que esa sea la forma de ganarse el cielo. Se dice que es delito tributario, que son abusos deshonestos, pero todo se engloba en el concepto de la corrupción,

¿Por qué no se dice entonces que es corrupción? En la definición del diccionario se la señala como la alteración o el daño de las cosas hasta el nivel de la putrefacción. Siendo honestos, no se podría decir que no se corresponde con algunas de las situaciones que hemos venido viendo en nuestro país ya hace algunos años.

Se podría decir en nuestro lenguaje ya idiosincrático que convierte los baches en las calles en “eventos” o a los indigentes como personas “en situación de calle” que situaciones como las descritas existen hace tanto que no debería preocuparnos mientras la policía se resiste a las coimas destinadas a evitar su labor, pero resulta que ahora hemos descubierto que jueces y policías también tienen son cómplices del poder corruptor del dinero.

Lo que ha cambiado es que ahora las cosas se saben, y aunque no se castiguen como debería hacerse queda al menos la condena moral de la sociedad. Lamentablemente eso no es suficiente si no produce cambios reales en las conductas.

Hay que empezar por reconocer que no se trata de faltas de mayor o menor gravedad sino derechamente de corrupción, en la medida que destruye a las instituciones. ¿Qué queda de la democracia cuando la clase política defiende a quienes la financian? O peor aún, ¿qué queda cuando son los propios ciudadanos los que justifican los abusos de algunos y condenan los de otros dependiendo de las simpatías que se tengan por unos y otros? Ese tipo de argumentos nos hace a todos culpables de la cultura de corrupción que se ha terminado por instalar en Chile.

No basta con sacar las manzanas podridas si las demás manzanas han estado en contacto con las enfermas. Se tiene que fumigar, y en el caso de una sociedad eso significa reeducar a la gente porque está visto que la simple sanción penal, cuando la hay, no basta para cambiar las conductas. Si la gente se abstiene de cometer abusos sólo por el temor al castigo, sigue existiendo la idea de buscar el camino más corto para conseguir lo que se quiere.

Hay que educar, y eso es tarea de todos. Desde el hogar que acepta que el hijo copie en las pruebas o copie el trabajo desde El Rincón del Vago. La trampa y la ley del mínimo esfuerzo son el germen de la corrupción

 

Andrés Rojo Torrealba

Relacionados: