• 17/junio/2010 •

Darwin y las nuevas tecnologías

<b>Loreto Ibañez Fontan</b><br>
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

Loreto Ibañez Fontan
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Magíster en Persuasión, Propaganda y Manipulación de Masas. Ha trabajado en varios medios de prensa, principalmente en Televisión. Como discípula de importantes escritores de la talla de Pía Barros, Pablo Simonetti y Andrés Rojo, ha ganado varios concursos Literarios, en un género que ella misma define como "realista y pornosoft... la realidad oculta que cada uno de nosotros lleva dentro".

Hace poco leía un artículo respecto de cómo las nuevas tecnologías han cambiado el cerebro humano, al punto de generar bruscos impactos a nivel cognitivo.

De hecho, un estudio realizado por el neurosiquiatra estadounidense, Nicholas Carr, quien acaba de publicar el libro «The Shallows», analiza lo que Internet le está haciendo a nuestro cerebro

Destaca además que, mientras en la era del «libro impreso», nos adaptamos para focalizar la atención promoviendo el pensamiento profundo y creativo, las nuevas tecnologías nos están acostumbrando a digerir sólo pequeños fragmentos de información. Es decir, estaríamos perdiendo en gran medida nuestra capacidad de concentración, contemplación y reflexión.

Sólo en Chile, a modo de ejemplo, existen 16,2 millones de teléfonos celulares, es decir, prácticamente uno por persona.

En abril de 2010, Facebook registraba 6,2 millones de usuarios, La mayor cantidad en la región, con un 37 por ciento, y según la Subtel, un 40 por ciento de los hogares, cuenta con conexión a Internet*** (Fuente: Diario El Mercurio, sábado 12 de junio de 2010)

Frente a tales cifras, no es raro que nuestro cerebro esté cambiando (aunque yo utilizaría aquí la palabra «adaptación»). Sin embargo no es ese el punto que me lleva a pensar. Sucede que, como consecuencia, y sumando un poco la Teoría de la Evolución, según mi adorado Darwin, lo interesante del asunto es la «mutación» que como especie estamos sufriendo…

La lógica indica que si el cerebro cambia, y el ser humano registra adaptaciones físicas frente a denominados efectos, lo que a mí me ha empezado a quitar el sueño es cómo lo anterior, está afectando nuestras relaciones (cualquier tipo al que podamos aplicar el concepto)

Hace unos días, un queridísimo amigo «facebookiano», a quién no sé si algún día llegaré a conocer más allá de lo virtual, pero que, sin duda ha sido un aporte a mis intereses intelectuales, lúdicos y culturales, publicó en mi muro lo siguiente:

«Más de mil novecientos amigos tiene Loreto… ¿alguna vez se sentirá sola?»

Asumo que me la sufrí, pero le hallé todo el sentido del mundo a sus palabras… y es que,en efecto, si bien las nuevas tecnologías han sido uno de los principales aportes a la humanidad en todos los tiempos, también debemos reconocer que la «cercanía virtual», nos aleja -lamentablemente- de sentidos como el olfato, el gusto y el tacto (quise omitir la visión, pues en la realidad virtual la imagen podría jamás ser comprobable, pero tampoco pretendo detenerme en este asunto)

La cosa es que voy a insistir en lo único que me parece perfecto (pues ya no tiene más evolución ni trascendencia posible: la figura Geométrica perfecta es el punto, pues el punto determina la línea recta que permite todas las demás figuras… y si nos detenemos en la línea recta, siempre, siempre, siempre, el resultado final es el Círculo…. por suerte, en mi opinión la historia es circular.

Y si en lo más básico se cuenta que la Teoría de Darwin indica que el hombre desciende del mono (¡¡¡cuántas veces me han llamado «mona» sólo por molestarme y sin saber lo mucho que me agrada!!), los avances en cuanto a la comparación de los genomas del chimpancé, el neanderthal y el hombre actual, arrojan que sólo en mayo pasado se terminó de leer el ADN del neanderthal, que sería en un 99,7 por ciento idéntico al del ser humano actual y 98,8 por ciento al del chimpancé… es decir ¡¡¡de que somos monos, SOMOS MONOS!!! (por eso agradezco a aquel que suele llamarme mona), pero mi Darwin, nada de básico, más allá de «actuales monadas» -como muchos saben- decía que el ser humano desciende, en un comienzo del pez, y yo que no critico las nuevas tecnologías, sobretodo internet que es la máxima de mis adiciones, ya quisiera yo volver a escribir cartas con tinta y en papel para un Neanderthal que conocí vía Facebook (¡de puro HOT el perla me «solicitó Amistá»)-, y que, si bien, es cierto que, como macho Alfa que es, desciende directamente de Neanderthal, mutó hasta convertirse en un «NERDental», hoy me hace replantear una vuelta a la reniñez perdida, cuando aprendíamos a leer con el Silabario y el tacto era la máxima de nuestras resurrecciones y agonías. (¿El olor y el sabor? ¡¡¡¡No quiero ponerme más «hornie» de lo que ese NERDental ya me tiene desde que traspasó la pantalla de mi computador, se atrevió a marcar mi celular, y aplicó sobre mi cuerpo las «más antiguas, divinas y eróticas tecnologías!!!)

Asumo que sólo seres como él y como mi amigo de la frase que sufrí, saben de cierto que no es bueno sumarse a cualquier avance, pretendiendo -como dijo Benedetti- que «EL OLVIDO ESTA LLENO DE MEMORIA», más aún cuando todavía nadie inventa cómo traspasar sentidos a través de las Cyber carreteras, que no incluyen cuerpos, y mucho menos sus sabores, tactos, visiones y sabores.

Absolutamente deseosa de volver al pasado de papel,

y muy, muy, «nerdmente» (si no es «demente» la palabra),

se despide atentamente de ustedes

Loreto Ibáñez Fontan.

Publicado: 17/06/2010

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