• 31/mayo/2010 •

De asesores y asesorías

<b>Augusto Cavallari</b><br>Profesor de la Universidad Central de Chile.

Augusto Cavallari
Profesor de la Universidad Central de Chile.

No sin razón, se ha instalado en el consciente colectivo una explicable inquietud por saber qué sucedió en las esferas del poder, en la madrugada del 27 de febrero de 2010, fecha conmovedora y terrible, que marca un antes y un después para todos.

En este orden de cosas surge la interrogante sobre los actos de nuestras máximas autoridades el día señalado, y nos inquietamos por saber si lo hicieron bien o mal, a juicio de mero administrado.

Para tener un punto de referencia, surgió la grabación en las oficina de la ONEMI, en la cual aparece la ex Presidenta de la República, la ex Directora de la ONEMI y otras autoridades, entre las que estaban altos mandos de las Fuerzas Armadas. En dicha grabación, aparece la Presidenta con dudas acerca de lo que se debía hacer.

El tema es si un Presidente de la República, se trate de la ex Presidenta, del actual Presidente o de cualquier Jefe de Estado puede enfrentar una catástrofe nacional, rodeado de asesores y permanecer en la incertidumbre de la conducta o actitud a seguir.

Enseña, el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, que asesor es aquél que asesora, en tanto que asesorar contempla tres acepciones: 1ª: dar consejo o dictamen, 2ª tomar del letrado asesor, o consultar su dictamen y 3ª dicho de una persona: tomar consejo de otra o ilustrarse con su parecer. Del análisis de estas expresiones, podemos colegir que la relación entre el asesor y el asesorado corresponde a una acción (de consejo o ilustración) del primero hacia el segundo. Si esto no sucede, no se justifica la existencia del asesor.

Pues bien, el día de los hechos, la ex Presidenta estaba rodeada de asesores, civiles y uniformados. ¿Puede un Presidente de la República saberlo o hacerlo todo?, esto sería imposible. Para eso está dotado, constitucional y legalmente de una serie de funcionarios que pueden, pero, especialmente, deben asesorarlo, a fin de que llegue a adoptar la determinación más coherente, en la esfera del bien común.

El día de los hechos, la Primera Mandataria se encontraba en plena y evidente incertidumbre. Es inadmisible.

Pasada ya, las siete de la mañana del día señalado, la Primera Mandataria ignoraba si debía confirmar el riesgo de tsunami o descartarlo y, de la propia grabación se desprende que ninguna persona indica con claridad optar por una posición u otra.

Puede argumentarse que el día de los hechos, las comunicaciones no eran expeditas y a veces inexistentes, que los presentes no tenían claridad de lo que sucedía. No obstante, es justamente, cuando eso sucede, que surge la labor de asesor, quien tiene el deber, a riesgo de equivocarse, de dar elementos de juicio para que la autoridad adopte una decisión o la materia no quede en suspenso. Los presentes no manifestaron cosa alguna. Y digo que los colaboradores deben asumir el riesgo de equivocarse, porque su deber es guiar, informar, dar luces, sobre lo que la autoridad, en un momento dado, no avizora con la debida o necesaria nitidez.

Si un asesor no asesora, fracasa en su misión y deber y, si lo hace mal, debe responder por un consejo inadecuado o una solución incorrecta, pero lo que un asesor no puede sostener o exhibir es una conducta de silencio o ausencia de consejo, porque ello redundará en la inacción y las consecuencias de ello, ya son por todos conocidas.

Por lo menos un asesor debió insistir ante la primera autoridad que debía sostenerse la alerta de tsunami, porque ello podría salvar vidas, ¿cómo se entiende, entonces, que esa madrugada, dos carabineros señalaron a los habitantes que fuesen a zonas más altas porque podía llegar una ola de altura y con eso salvaron vidas?, acaso ¿debieron estar esos dos carabineros entre los asesores que se encontraban en la ONEMI el día de los hechos?

El día 27 de febrero de 2010, en las oficinas de la ONEMI, la autoridad máxima estuvo en terreno, junto a otras autoridades, pudo advertirse que los sistemas de comunicaciones de poco o nada servían, el SHOA se equivocó, todos iban de un lado a otro, la tensión podía advertirse a simple vista, nadie tenía nada claro, lo único que faltó, fue asesores.

Augusto Cavallari.

Publicado: 31/05/2010

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