• 18/septiembre/2009 •

Debate presidencial: un atentado a la democracia

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Es el escenario por excelencia que tienen los candidatos presidenciales de marcar la diferencia y mostrar a un segmento mayoritario del electorado sus ideas y programas de gobierno. Es la oportunidad idónea para que los ciudadanos puedan establecer qué oferta de país les parece más atractiva y cuál de los postulantes tiene las capacidades adecuadas para acceder a la primera magistratura.

Sin embargo, la estructura con la que se definen este tipo de eventos atenta precisamente contra dicho propósito. Dividido en cuatro segmentos, con 90 segundos para argumentar, explicar y replicar -por candidato- y con escasa interacción entre los participantes, el debate presidencial se transforma en una pantomima, en una puesta en escena que no contribuye a mejorar la democracia y crear instancias de debate serias y reales.

Es cierto, se transmitirá por Televisión Nacional después del programa ¿Dónde está Elisa?, lo que garantiza una buena sintonía, al menos al comienzo, pero se desaprovecha toda esa expectación con un formato que a las 23 horas va a tener a muchos con un ojo abierto y otro cerrado.

No se entiende la escasa relevancia que se le entrega a un encuentro presidencial como éste, ya que es casi la única tribuna que tiene la opinión pública –de manera masiva- para informarse sobre lo que plantea cada candidato, quienes llevan varios meses paseándose por distintos foros, seminarios y encuentros cuyo público son, por lo general, grupos de interés (o de presión) que intentan imponer su agenda. Por eso no es extraño ver a los aspirantes a La Moneda informando sus propuestas en el CEP, la SOFOFA, ICARE y toda caterva imaginable de organizaciones relativamente empoderadas que tienen acceso VIP a los presidenciables.

Si realmente se le quiere dar importancia a este tipo de iniciativas, se debiese transmitir por todos los canales de frecuencia abierta y también en algunas señales de cable que aseguren una mayor cobertura y alcance del mismo. Algo similar a lo que se hace cuando la presidenta habla en cadena nacional para informar un tema relevante a los chilenos.

Al menos se debiesen efectuar tres encuentros: uno en la Región Metropolitana y los otros dos en ciudades importantes del norte y el sur, como una muestra de la descentralización a la que tanto convocan los dirigentes políticos. Además debiese contemplar una duración de 120 minutos, dejando la última media hora para que los candidatos puedan interpelarse de forma directa, configurando un verdadero debate y no una simple exposición de ideas generales y vagas.

Otra modificación clave debe ser el horario, comenzando a las 21: 00 horas y no a las 22:45 horas, ya que así se garantiza una mejor audiencia y capacidad de atención de los televidentes. Todo político sabe que tiene distinto impacto aparecer en una entrevista del noticiero central que en una otorgada en el boletín de medianoche.

Es un hecho que este tipo de formatos beneficia a los presidenciables que tienen un mejor posicionamiento y va en directo desmedro de las candidaturas nuevas o minoritarias, ya que le impide a estos últimos diferenciarse del resto o dar a conocer el valor agregado que tiene su opción. Lo que buscan los electores es que les expliquen las propuestas y la forma como se pretenden financiar y no que le enumeren un listado con ofertones de supermercado.

En esto debiésemos aprender de los países desarrollados, como Estados Unidos, donde no sólo se realizan debates nacionales, sino que estatales y que además vienen precedidos por encendidas primarias internas de cada partido, lo que asegura una campaña centrada en las mejores ideas y no en el canastillo con más productos.

Uno de los principales rasgos de toda democracia que se considera sana es que permite la realización de elecciones libres e “informadas”, y en este segundo aspecto, Chile sigue al debe, aunque los medios de comunicación y las nuevas tecnologías han hecho una gran contribución para revertir tal condición.

En el debate presidencial es irrelevante que Piñera mencione que va a fortalecer los sindicatos y promover la negociación colectiva, lo importantes es que diga cómo pretende hacerlo y bajo qué medidas, ya que su historial en LAN indica que ha hecho lo contrario; o no es suficiente que Frei indique que continuará con el programa social instaurado por Bachelet, pues la clave está en que señale cómo lo va a financiar, si no tiene contemplado una reforma tributaria; ni que ME-O enfatice que tiene mejores propuestas, si no fundamenta con que equipos las va a implementar.

En naciones del primer orden un debate presidencial puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de una candidatura o la ocasión principal para revertir un escenario adverso, sin embargo, la que transmitirá TVN sólo permitirá a los políticos seguir creyendo que juegan a la democracia, mientras que a los ciudadanos los dejará con la misma sensación de incertidumbre e insatisfacción que muestran actualmente a través de los sondeos de opinión.

Carlos Cuadrado S.

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