• 09/diciembre/2010 •

Desafíos para los nuevos tiempos

<b>Carlos Livacic</b><br>Sociólogo de la U. Central.

Carlos Livacic
Sociólogo de la U. Central.

Considerando los tiempos que corren –literalmente-, donde no hay tiempo para las pausas, la reflexión y el descanso, debemos lidiar con la forma más extraña de relacionarnos y con la superficialidad dentro de cada espacio o acción que se nos presenta. La determinación del largo plazo y la palabra empeñada parecen cosas del pasado, dando rienda suelta al relativismo más cruel desde la óptica de las sinrazones, quedando postrada la idea de correspondencia casi de manera inerte y silenciosa.

Pero más allá de los remilgos del pasado y la desesperación por lo nuevo que se aproxima, hay elementos más relevantes que quedan pendientes en nuestro diario vivir, situaciones que requieren de más de una consideración de nuestras autoridades y de la sociedad en general, teniendo presente, que la demora en su resolución y consideración juegan en contra de nosotros mismos, como también, de los nuevos tiempos que han de venir.

Hoy, cumplida la primera década de esta nueva centuria, la profundidad del pensamiento y la construcción del saber parecen ir en sublime retirada, dando paso a los relativismos más dolorosos desde la perspectiva del análisis y la disidencia. Hemos cambiado la construcción de la realidad mediante la reflexión, por la simpleza más abismante que podamos apreciar, dejando de lado todo proceso de construcción de saberes, para acortar camino desde la especialización y la indiferencia por otra disciplina. La parcialidad cognitiva, nos lleva a relacionarnos a través de pequeños grupos condescendientes, que no requieren de largas sesiones de acalorados argumentos, para dar cabida a los de siempre, a los que aceptan y callan casi sin darse cuenta.

Esta expresión de relaciones y de puntos de vista, se transporta luego, en las formas de entender el trabajo, y la manera como deben enfrentarse los desafíos dentro de cada organización en la cual estamos inmersos, sin darnos cuenta en el inicio de su apoltronamiento mental, nos enfría la curiosidad de la disidencia y la duda, por la aceptación y silencio de los procedimientos, acunando en cada uno de nosotros y nuestros semejantes, el conformismo y la falta de iniciativas.

Hoy, que el mundo requiere de sociedades más competitivas y proclives en si mismas al desarrollo de las ideas y las diferentes expresiones, el trabajo se transforma en el elemento diferenciador a partir del “valor agregado como expresión única e incuestionable”, permitiendo de este modo, que cada organización así como la sociedad en su conjunto, estimulen las diferentes formas de entender y construir la realidad en cada espacio y relación que nos toque establecer. Pero esto, debe ser parte de una constante, que se estimula y promueve desde los inicios, permitiendo con ello, la diferenciación y la exigencia como parte de los procesos, y no, como parte de los resultados.

Pero más allá de las descripciones de momentos y situaciones, es necesario reforzar esta última idea, la diferencia entre proceso y resultado, algo que parece simple de decir, pero donde muy pocos se detienen a trabajarla como tal. La expresión de la simplificación de los procedimientos, en desmedro de los resultados, es sin lugar a dudas, el camino más fácil al cual nos estimulan y nos lanzan desde toda óptica de acción social y empresarial.

La ruta corta, la simplicidad de cada uno de nuestros actos, los que resultan cómodos en un principio, son la instalación de la vertiente más peligrosa de nuestro quehacer futuro, que luego, cuesta despojar de nuestras relaciones y formas, para luego desvanecerse frente a cada situación de la vida diaria. Es este sin lugar a dudas, el momento que tenemos para ponernos a pensar en las formas de establecer las vertientes de expresión y divergencia frente a tanta indiferencia por querer desmarcarse de la relación de masa y todos sus efectos, es sin lugar a dudas, el tiempo de promover la curiosidad y de hurgar más allá de los establecido, sin miedo al que dirán, y menos al que podamos parecer.

Los buenos trabajadores, o los grandes trabajadores, han de ser aquellos, que entiendan el valor agregado y la diferenciación como una constante y difícil tarea, y no como parte de un mero trámite. Ese es el desafío, esa es la necesidad para revertir los tiempos de pasmo y de tanta generalidad de cosas.

Carlos Livacic.

Publicado: 09/12/2010

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