• 07/mayo/2010 •

Desde los nuevos paradigmas, hacia una Universidad Paradigmática

<b>Álvaro Fuentealba Hernández</b><br>Magíster en Derecho de la Universidad de Chile. Secretario de Estudios de la Escuela de Derecho de la Universidad Central de Chile.

Álvaro Fuentealba Hernández
Magíster en Derecho de la Universidad de Chile. Secretario de Estudios de la Escuela de Derecho de la Universidad Central de Chile.

Uno de los desafíos más demandantes del Chile actual, en el marco de la globalización, es cómo se mantiene la inserción del país en un mundo cada vez más relacionado y competitivo. El reciente ingreso de Chile a la OCDE ha vuelto a situar en los medios esta discusión.

Aunque han pasado a ser lugares comunes las implicancias de esta realidad en la economía y los procesos productivos, no es mucho lo que se ha escrito y reflexionado acerca de la mirada que la Educación Superior debe asumir ante estas realidades, y mucho menos acerca de cómo estas transformaciones han impactado en los estudios de derecho.

Centraré mi análisis en los elementos que, a mi juicio, son más significativos desde el punto de vista de la actividad universitaria y, especialmente, desde la docencia jurídica.

Es de vital importancia para las instituciones de Educación Superior terminar con su enclaustramiento y conectarse permanentemente con la sociedad y con el mundo del trabajo, y en especial, para las Escuelas de Derecho, su contacto constante con el mundo de las profesiones jurídicas. Asimismo, la superación del paradigma transitorio del estudiante de derecho de pre-grado, y su reemplazo por la oferta permanente de actualización, especialización y profundización.

Vivir en la Sociedad de la Información

Los desafíos que nos presenta la sociedad de la información son ineludibles; o las organizaciones los enfrentan, o caen en la entropía o mueren.

El estado de compromiso del Siglo XX, tiene de la mano, como poder fáctico hegemónico a la Universidad pública. La investigación, la extensión, la creación y transmisión del conocimiento, del llamado “saber superior”, son funciones que realiza, fundamentalmente este tipo de casa de estudios, de la mano o, si se quiere, como un brazo más, del Estado.

La transformación del mundo universitario, en la década de los ochenta, agrega al “campo” universitario una variable que lo transforma radicalmente: se abre un “mercado” de la Educación Superior, donde muchos oferentes pueden participar y competir.

Como primer corolario de lo anterior, las universidades paulatinamente deben comenzar a competir en diferentes ámbitos: por la captación de estudiantes, por el financiamiento público, por la adjudicación de proyectos de investigación, etc.

Podemos afirmar que el alma de la Universidad y su acervo cultural, son los elementos que la mantienen como ente relevante. Buscar y encontrarse con su vocación es parte fundamental de determinación y valoración de su activo intangible. En suma, una de las claves de la relevancia en el campo de la Educación Superior es la determinación del alma universitaria y la constitución de su acervo cultural, por una parte y, por la otra, su activo intangible que la posicionará con una identidad original.

Pero, lo anterior no basta, o mejor dicho, es sinérgico con las formas y las prácticas que asuma, en pos de dicho propósito.

¿Qué desafíos desde la perspectiva de la docencia está obligada a asumir?

Otro elemento cruza este análisis. Mientras Chile cambiaba acelerada, violenta y radicalmente su modelo institucional de Educación Superior, el mundo enfrentaba la revolución más radical desde el punto de vista de la información, la comunicación y los “saberes tradicionales”.

La sociedad de la información cambia de modo radical y para siempre la forma del quehacer universitario de aula, la actividad de investigación, la extensión de los saberes y la transmisión del conocimiento.

La rapidez y facilidad con que se puede alcanzar el conocimiento, la información, o si se quiere miles de datos, y la fluidez con que aquéllos pueden circular, sitúan al rol tradicional del docente y el estudiante universitario en una dramática relación de desorientación.

Hemos pasado de la conciencia del conocimiento finito, enclaustrado en nuestras bibliotecas, a la infinitud de las fuentes de acceso a los saberes.

La confianza excesiva de las instituciones de educación superior en sus títulos profesionales, como crisol de un cúmulo suficiente de saber, también está en entredicho, ya que la obsolescencia de los saberes, otro elemento característico de la sociedad de la información, se hace patente hoy en día en forma mucho más rápida que hace veinte años. Baste ver la demanda actual de profesionales por la realización de post títulos, diplomados y cursos de especialización, cuestión muy incipiente hace sólo 10 años.

El saber superior, ergo, sólo fluirá en la medida en que la Universidad está abierta y atenta a las necesidades de su tiempo.

¿Qué valor intrínseco, entonces, tiene un grado académico universitario? ¿Qué significa poseer un título profesional otorgado en la Universidad? ¿Qué significado relevante para enfrentar los desafíos de la sociedad actual tiene un grado académico otorgado en la Universidad Central de Chile y en su Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (licenciado en ciencias jurídicas y sociales)? ¿Qué roles nuevos, entonces, debe cumplir el docente universitario? ¿Cómo debe enfrentar a sus estudiantes, muchas veces más informados que el docente en muchas materias?

Si aceptamos como proposición lo que hemos señalado de la sociedad de la información, tenemos que reconocer dos fenómenos: la obsolescencia de los saberes, lo que nos lleva a reflexionar sobre el plan de estudios y la necesidad de la educación significativa, centrada en el aprendizaje, y las simetrías de información entre docentes y estudiantes, lo que nos invita a la reflexión sobre los roles del docente en el aula y los activos que el estudiante posee como sujeto del proceso de aprendizaje.

¿Qué es lo que no puede pasar en la Universidad actual, a la luz de estas reflexiones? El plan de estudios no puede centrarse en un cúmulo finito de conocimientos estáticos sobre la materialidad de lo que, suponemos, es lo que “tiene que saber” un abogado (v.gr. las normas, los procedimientos).

El docente no es un sabio maestro omnisciente dispuesto a entregar conocimientos (información) a un estudiante ignorante.

El estudiante no es un receptáculo pasivo de conocimientos (información).

¿Qué debemos hacer? El plan de estudios debe considerar los contenidos materiales del conocimiento jurídico (normas y procedimientos), pero además, debe incorporar el juicio crítico (principios, filosofía e historia de las mismas) y las habilidades de aprendizaje permanente. Y debe contemplar, además, formas de medir y certificar competencias laborales, lo que implica la necesaria relación de la Universidad con el mundo del trabajo, con el mercado de trabajo.

El docente debe redefinir su rol. Si no, necesariamente, sabe más (cantidad y variedad de información) que el estudiante, sí debe poseer algo que el estudiante naturalmente no posee: la capacidad para integrar los conocimientos, los saberes, y los valores, para poder transmitir el conocimiento, el acervo valorativo y las actitudes hacia el saber, a sus estudiantes. Debe motivar sus capacidades intelectivas para disponerlos a aprender, presentar los contenidos en base a objetivos académicos previamente definidos, representarlos, y finalmente, cuestionar y juzgar el desempeño de sus estudiantes. Esto diferencia la información de la formación.

El estudiante, por su parte, juega un rol dialéctico, debe hacer la síntesis del proceso a fin de incorporar el conocimiento y disponerse a la práctica y la cultura de integración del saber superior, sin perder de vista los valores y las actitudes que sirven de base a la formación de competencias laborales o profesionales, desde las genéricas hasta las específicas.

La reflexión, en consecuencia, debe hacerse teniendo presente qué tipo de juristas necesita el Chile de hoy, que harán de nuestra Facultad una unidad académica necesaria, relevante, seria, señera y con proyección hacia el futuro.

El desenclaustramiento de la Universidad: una Universidad Central para el desarrollo de Chile

La Universidad Central de Chile ha decidido implementar en todas las carreras que imparte, el currículum con enfoque por competencias y una didáctica centrada en el aprendizaje de los estudiantes.

Desde esta perspectiva, ha asumido el desafío de transformarse en Universidad paradigmática en estas materias. El proceso de transformación de las metodologías de aprendizaje y de evaluación que este nuevo paradigma implica, obliga a plantearse metas ambiciosas y grandes desafíos que estamos ciertos y entusiasmados en poder cumplir.

La reflexión de la comunidad universitaria debe considerar preguntas básicas para avanzar en esta dirección: ¿Qué estándares de calidad cabe configurar a propósito de estos desafíos institucionales? ¿Cómo se entiende la investigación y la extensión en este contexto?

La Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales ha dado pasos concretos en ese sentido, y el proceso de acreditación está plenamente articulado con este nuevo modelo.

La creación del Centro de Investigaciones Jurídicas y la creación del Centro de Solución Colaborativa de Conflictos y Mediación, Negociación y Arbitraje, más la contratación de docentes e investigadores con permanencia en la Facultad, el énfasis en la formación clínica del derecho son pasos concretos en esa dirección.

La definición de un nuevo perfil de egreso y la validación del mismo en el mundo de las profesiones jurídicas, procesos que debemos entender siempre dinámicos, serán herramientas enormemente útiles para mantener nuestros estándares de excelencia, asegurar a nuestros alumnos una educación significativa, efectiva y reconocida en el mercado de trabajo, y, asimismo, atender eficientemente la demanda de formación permanente de los profesionales del derecho.

Álvaro Fuentealba Hernández.

Publicado: 07/05/2010

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