• 29/octubre/2010 • Salud
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Dieta saludable todo el año

Astrid Munzenmayer Gutiérrez
Enfermera Universidad Andrés Bello.

La llegada del verano pone de moda el cuidado del cuerpo y la mantención de un peso ideal. Sin embargo, la transición epidemiológica de Chile se caracteriza por cambios demográficos y nutricionales que se han visto reflejados en una alta y creciente prevalencia de obesidad y enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, hipertensión arterial, algunos tipos de cánceres y enfermedades cardiovasculares asociadas a malos hábitos alimentarios y sedentarismo.

El principal problema nutricional es el exceso de peso, con una prevalencia creciente desde los primeros años de vida. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud, más del 60% de los mayores de 17 años sufre de sobrepeso u obesidad. En menores de 6 años la cifra supera el 7% y aumenta en escolares y adultos. Los esfuerzos en salud, por lo tanto, están dirigidos hacia la prevención y promoción de una vida saludable, con especial énfasis en la alimentación y actividad física, prevención de la obesidad y enfermedades crónicas asociadas.

En efecto, la obesidad determina diversos riesgos biológicos, psicológicos y sociales, los que se manifiestan a corto, mediano y largo plazo. Genera costos personales, familiares, sociales y para los sistemas de salud, porque se relaciona con discapacidad y deterioro de la calidad de vida. Una de las principales causas de esto es el reemplazo de las dietas tradicionales por dietas con mayor densidad energética, lo que significa más grasa y azúcar añadidos en los alimentos, unido a una disminución del consumo de frutas, verduras, cereales y legumbres. A esto se suma una baja actividad física.

La cantidad de grasa consumida en los países occidentales es mayor a la aconsejada por la OMS y se recomienda disminuir el consumo de grasa de origen animal (saturada) y frituras, aumentando la ingesta de grasas de origen vegetal (insaturada) como el aceite de oliva, palta y frutos secos (nueces y almendras). Todos los alimentos, en función de su contenido en nutrientes, aportan calorías que permiten cubrir las necesidades y gastos energéticos asociados al mantenimiento de funciones vitales como la temperatura, crecimiento, práctica de deportes, etc.

Las proteínas, en tanto, son necesarias para mantener las funciones del cuerpo y su necesidad de consumo se relaciona con el peso, estatura y etapa del desarrollo, requiriendo un aporte máximo durante la etapa de lactancia y pubertad, mientras que los hidratos de carbono son esenciales como aporte energético. Una alimentación adecuada, además, debe contener fibra dietética, frutas y verduras, que sumadas al ejercicio, nos ayudarán, además, a mantenerlos en forma todo el año.

Astrid Munzenmayer Gutiérrez.

Publicado: 29/10/2010

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