• 19/octubre/2009 •

Diputado Kast: el Ayatolá UDI

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

En el país todavía hay dirigentes políticos que tienen la convicción de que optar a un cargo de elección popular tiene como finalidad alcanzar un escaño para representar sus ideas, creencias y dogmas personales, dejando de lado el interés y bienestar común de sus representados. Pero esto es especialmente grave, cuando quienes lo asumen así, logran dicho cargo con sólo un tercio de los votos escrutados en la zona donde postulan.

Este es el caso del diputado UDI, José Antonio Kast, quien desde que asumió como miembro de la Cámara Baja en 2001 se ha constituido en el estandarte de un credo religioso y no en el adalid de los ciudadanos que lo erigieron como parlamentario en el distrito 30 (San Bernardo, Calera de Tango, Buín y Paine) que es especialmente sensible, por los altos índices de pobreza que presenta.

Este tipo de personajes –que por suerte no abundan en el hemiciclo- parten de la premisa que son dueños no sólo de los votos de sus electores, sino que también de sus conciencias, bajo el argumento “que si votaron por mí, piensan como yo”, lo que no puede estar más lejos de la realidad.

Sí, porque bien sabemos que en Chile los candidatos en campaña evitan dar a conocer sus posturas en temas conflictivos que les pueden provocar una fuga de votantes, amparados en el deficiente sistema binominal que no promueve la competencia abierta y por tanto no incentiva el desarrollo de comicios informados. Acá, para salir electo poco importan las ideas, es suficiente una buena cuota de marketing y algo de asistencialismo.

Aquí no está en discusión el derecho que tiene el parlamentario de manifestar convicciones y principios; lo que está en entredicho es que intente imponer sus paradigmas por secretaría, escabullendo el debate y apelando a organismos poco democráticos, como es el requerimiento que presentó al Tribunal Constitucional para evitar la distribución de la píldora del día después en los servicios de salud pública.

Kast parece no entender que en Chile el Estado se separó de la Iglesia hace más de 8 décadas, siendo hoy un ente laico que vela por el bienestar común y no por los intereses particulares de determinados cenáculos o sectas.

Este hombre público se asemeja mucho a la figura de un Ayatolá o líder espiritual supremo que existe en Irán, cuyo conservadurismo llega a ser hasta represivo. Recuerdo cuando en el año 2002 tuve la oportunidad –como entonces vicepresidente de la juventud UDI- de asistir a una charla de “formación” que dio en la sede del partido, donde no sólo mostró su fanatismo religioso, sino que entró en vitales contradicciones como cristiano, cuando le pregunté -a sabiendas que formaba parte del directorio de un colegio- ¿qué decisión adoptaría si una alumna de su establecimiento quedara embarazada?, a lo que me respondió que pediría su expulsión por ser un mal ejemplo para el resto de sus compañeras.

Desde ese minuto comprendí que no tenía nada que hacer en una colectividad así, de la que me desafilé un año después. Por eso que observar ahora a este diputado impidiendo cualquier debate en el Congreso sobre materias valóricas que son de vital trascendencia para definir qué tipo de sociedad queremos construir, da escozor.

Carlos Cuadrado S.

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