• 13/enero/2013 •

Economía suicida

Andrés Rojo Torrealba

Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.
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Andrés Rojo Torrealba
Periodista titulado de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Es sesor parlamentario por cerca de quince años, en el Senado y la Cámara de Diputados. Colabora con medios nacionales y regionales, además de virtuales; realiza asesorías para diversas embajadas: y presta funciones como escritor fantasma. Conduce un taller de cuentos y escribe cuentos, novelas y aforismos.

Es un dato impactante.   Desde 2008 el suicidio es la principal causa de muerte en España, descontando las enfermedades, y superando incluso los decesos por accidentes de tránsito.

En un comienzo no se hizo la asociación entre la tasa de muertes voluntarias y la situación económica del país porque en esos años no se avizoraba aún en el horizonte la actual crisis.   Hoy, en cambio, con un promedio de nueve suicidios diarios, ya ha habido preocupación por este aumento y se ha determinado que los problemas económicos son el origen del 32% de los suicidios, con lo que se constituye en la principal causa, seguida -cómo no- del desamor (25,8%), los problemas psiquiátricos (19,1%) y los conflictos familiares (11,2%).

Lo que ocurre en España se vivió antes en Grecia o Italia. En Grecia, los suicidios se han duplicado entre 2008 y 2011, y en Italia se calcula que también un tercio de las muertes por propia mano se originan en la crisis económica.

En Chile no parece haber estudios recientes enfocados directamente al respecto.  Muchos deben recordar lo que sucedió en la crisis de los ’80, pero como ahora la economía parece marchar bien no parece creíble que vuelva a suceder algo parecido.   Sin embargo, hay una señal clara:   Tenemos la tasa de suicidios entre adolescentes más alta de Latinoamérica y la segunda de mayor crecimiento entre los países de la OCDE.  En diez años, los jóvenes que deciden quitarse la vida se duplicaron, y las causas son por lo general las decepciones amorosas y la depresión.

Resulta evidente que nuestros jóvenes no están preparados para enfrentar las dificultades propias de la vida y se sienten marginados.  No es casualidad que el suicidio esté más extendido en el grupo que tiene habitualmente los mayores índices de desempleo.   ¿Qué pasaría si a las dificultades tradicionales de este grupo se le agrega una situación económica que se les presenta como angustiante, asfixiante, opresiva?   Muy sencillo, lo mismo que en los países europeos que han resentido con mayor fuerza la crisis.

¿Los responsables de la conducción económica de las naciones, los encargados de decidir las inversiones, tienen claro que lo que hagan o dejen de hacer no se relaciona sólo con la calidad de vida de las personas sino ya directamente con la vida de la gente?

La siempre de moda “Responsabilidad Social Empresarial” (RSE) es más que una táctica para descontar de impuestos un monto a invertir en publicidad indirecta en favor del prestigio de las empresas.

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