• 15/julio/2011 •

Educación ¿En rebeldía?

Carolina Wemyss Cumsille

Carolina Wemyss CumsilleActualmente es Redactora Creativa de Moreau GTM & C y Encargada del Area de Lenguaje de CAPYTA. Como docente se desempeña en los Centros de Asesoría pedagógica Y Trastornos del Aprendizaje de varias Universidades. Además es Miembro Honorario Cum Laude del Directortio de Suite 121.net 2010.
Carolina Wemyss CumsilleActualmente es Redactora Creativa de Moreau GTM & C y Encargada del Area de Lenguaje de CAPYTA. Como docente se desempeña en los Centros de Asesoría pedagógica Y Trastornos del Aprendizaje de varias Universidades. Además es Miembro Honorario Cum Laude del Directortio de Suite 121.net 2010.

Habiendo en Chile, como en todas las naciones del mundo, dos clases (no hablo de las clases privilegiadas, porque aquí no las hay ni debe haber) que son:

1°. La clase pobre que vive del trabajo mecánico de sus manos y a la cual ni el tiempo, ni el retiro en que vive, ni sus hábitos, costumbres y ocupaciones permiten tomar parte efectiva en los negocios públicos, aunque la Constitución les diese facultad para esto.

2° La clase que desde la infancia se destina para formar el Cuerpo Gubernativo de la República, y que por esto influye directamente en todo lo que pueda suceder de bueno o de malo a la nación. La instrucción pública debe también dividirse en dos ramos, que son: Instrucción primaria para la primera, e Instrucción superior para la segunda.» (Ignacio Domeyko, 1842)

Estas palabras no necesitan de mayor explicación. La segregación en base al origen y la discriminación en base a la capacidad de consumo, tanto para recibir como para entregar “educación” han estado presentes desde los albores de nuestra “república”.

El escenario sigue siendo, básicamente, una sociedad de patrones, inquilinos y peones, en que el “poder” se sigue repartiendo entre las mismas familias alternadamente.

En el Sistema Capitalista, la “educación” es un gran mercado en donde se diseñan y etiquetan productos. Están las pequeñas, medianas y grandes empresas que venden “códigos de barra” (títulos), que, según la marca ( Universidad, Instituto, CFT, etc.) definen el precio de venta (sueldo o salario) del “producto” (profesional).

Hoy los estudiantes, o futuros “productos finales” de la “educación formal”, están exigiendo gratuidad e igualdad en la calidad de la educación para todos sus semejantes. Petición válida por cierto, ¿pero hasta qué punto es justa? Ninguno piensa en el mañana, no piden un salario igual para todos una vez “productos”.

Para exigir, son “comunistas”; y para recibir, “capitalistas”. El eterno doble discurso del Sistema que impide cualquier cambio real y permanente del actual estado de cosas.

¿Qué hacer entonces? Estar en rebeldía es un principio de esa vitalidad saludable que, de sostenerse en el tiempo, puede llegar a producir algo importante. Pero el ansia de poder y riqueza, tanto de la Gerencia de turno como de los “opositores”, va a buscar siempre enajenar la potencia creadora.

El punto quizás sea comenzar a diseñar un horizonte alternativo para no perder la fuerza. De la incomodidad a la indignación; de la indignación al rechazo; del rechazo a la creación. Por ahí ya podemos comenzar a hablar de Revolución. Por ahora, está bastante más allá del “capeo masivo”, pero aún falta bastante camino. Vamos a ver hasta donde resisten y cuanto están dispuestos a perder para ganarlo todo.

Carolina Wemyss Cumsille

Publicado: 15/07/2010

Relacionados: