• 07/junio/2010 •

El arte de la resurrección

<b>Patricio Peñailillo</b><br>Profesor de Filosofía, U. Central

Patricio Peñailillo
Profesor de Filosofía, U. Central

Patricia Espinosa, crítica literaria y profesora de literatura descuartizó la semana pasada “El arte de la resurrección” de Rivera Letelier afirmando que el escritor “ha repetido la fórmula una vez más, plagándose, dándose maña para martirizarnos”, y agrega colocando una lápida de mármol y granito que: “Da lo mismo abrir el libro en cualquier página, da lo mismo terminarlo, da exactamente lo mismo leerlo, porque si hay algo definitivamente claro es su nulo valor literario”. Así, pues, con afilada navaja Patricia fileteó con cortes normales de carnicería “El arte de la resurrección” y envió en una bolsa plástica trozos del libro de Rivera en su columna de las Últimas Noticias.

Patricia inicia su crítica con unas preguntas e inmediatamente las responde para dejar tranquilas a las almas inquietas, cuando dice: “¿Heidegger en una novela de Hernán Rivera Letelier? ¿Se nos puso denso…? Tranquilidad: la aparición del filósofo alemán es sólo una falsa alarma, porque el genio y figura del escritor salitrero permanece intacto en El arte de la resurrección”. Pero ese genio lo refiere Patricia al “limitado repertorio literario: oficinas salitreras, prostitutas… y la presencia del alma del chileno, captado en su esencia bonachona, ingeniosa y apanfilada”. No obstante, El arte de la resurrección recibió este año el Premio Alfaguara de Novela en su XIII edición lo que efectivamente podría poner razonablemente bajo la lupa –en la lógica de la crítica más despiadada- no sólo a la obra premiada a partir del examen literario que circula en el orbe, sino también al jurado y sus criterios que muchas veces son un agujero negro donde la gravedad es tan poderosa que incluso la luz queda atrapada y ningún observador externo puede ver lo que sucede en su interior.

Así, para coleccionar respuestas preliminares o hipotéticas podríamos hacer las siguientes preguntas: ¿Cuáles fueron los méritos reconocidos de la obra de Rivera Letelier por los que se le otorgó el Premio Alfaguara 2010 de un total de 539 manuscritos inéditos en castellano procedentes de latino e Hispanoamérica? ¿Es posible no considerar algunas críticas lapidarias como la de Patricia Espinosa y otras similares que trasladan la obra en cuestión al territorio de la literatura prescindible? ¿Acaso no es sino el destino de las contiendas de esta estirpe el estar en el epicentro de la discusión y el conflicto permanente a diferencia de otros dominios como en el de las ciencias duras donde el nivel de diferencias cruciales se reduce a su mínima expresión?

Las interrogantes están planteadas para una eventual discusión no sólo con el ánimo de buscar el fundamento o razón de ser de la decisión del jurado hispano, sino también en la consideración necesaria de las críticas favorables y desfavorables a la obra, ya que, como reza uno de los principios fundamentales de la racionalidad “nihil est sine ratione”, nada es sin fundamento.

Patricio Peñailillo.

Publicado: 07/06/2010

Relacionados: