• 13/mayo/2010 •

El atajo del “Negro” Piñera y los conflictos de interés

<b>Marcelo Toro</b><br>Abogado y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Chile.

Marcelo Toro
Abogado y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Chile.

Era divertido ver durante la campaña como lo que para muchos resultaba cristalino, para otros resultaba opaco o incluso inexistente. Los pies de barro de un gobierno de derecha son los conflictos de interés. Por eso, y precisamente por eso, Hinzpeter llamó a no “sacralizar” este tema. Porque como dicen los españoles: la lengua va donde la muela duele.

En tiempos de la Concertación fue preocupante ver cómo, de ser reguladores de alguna actividad económica, algunos funcionarios de gobierno aparecían más tarde como altos ejecutivos de las mismas empresas que les había tocado regular. Preocupante, porque es difícil quitarse la sospecha de que esas personas fueron cooptadas por la maquinaria de los intereses privados. Ahora ocurre al contrario, tenemos regulados reguladores. Notarán que digo regulados y no ex reguladores, porque también es difícil espantarse el presentimiento de algo todavía más crudo: los privados ya no se contentan con cooptar personas naturales, sino que lo han hecho con el aparato del Estado en su totalidad.

Esto es lo que estaba en juego en la elección presidencial pasada, pero la Concertación se dio mañana para que un electorado resentido no fuese capaz de verlo. Pensemos un momento en lo de TVN. Un exitoso Daniel Hernández, leva anclas de la dirección ejecutiva de la estación, tentado por el gigante corporativo que es HidroAysén. Y al hacerlo, dejó en la estacada al Presidente Piñera. Tiene que nombrar al Director Ejecutivo del canal nacional siendo dueño de un canal de la competencia, y si no hace nada el asunto empeora, porque la ley dispone un orden sucesorio para esa eventualidad. Si Piñera no mueve un músculo, asumiría nada más ni nada menos que un primo suyo: Hermán Chadwick Echenique.

Pero lo de su hermano, Miguel Piñera, ha puesto en evidencia cuán retorcido e insospechado puede ser este monstruo de siete cabezas. Según han publicado algunos medios, habría sido el propio director de La Clínica Las Condes quien autorizó un procedimiento bastante irregular, a saber: que un paciente que acude en horas de la madrugada luego de protagonizar un accidente de tránsito, ingrese no por urgencia sino por una consulta médica regular. Podría aburrirlo recorriendo los vericuetos de la ley, pero creo que en este breve espacio un simple razonamiento resulta mejor. No dudo de la eficiencia de ese lugar, pero sospecho que si uno pide hora para, pongamos urología, por mucho que el médico tenga disponibilidad para dentro de seis meses nadie le va a dar hora para las 3 A.M. ¿O usted piensa distinto?

Si usted huye después de protagonizar un accidente de tránsito se presume su responsabilidad civil por el hecho del daño, y si se rehúsa a hacerse la alcoholemia se presume su participación en el delito-falta de manejo bajo la influencia del alcohol. La cuestión de la responsabilidad por el daño no es tema, el propio Miguel Piñera se apuró en anunciar que se hacía cargo de todo. Si el motivo por el cual uno llega primero a una clínica en lugar de una comisaría, es una afección médica de cuidado y el centro asistencial lo avala en eso, nadie podrá decir que uno se “rehusó” a hacerse una alcoholemia. El atajo del “Negro” es ése. Y tenemos el derecho a sospechar que para pretextar semejante cosa hay que estar en connivencia con alguien del recinto hospitalario, y resulta para colmo que el mejor candidato para ese contubernio es el actual Ministro de Salud, a la sazón director de la clínica en que el presidente tiene participación. Y por si alguien piensa que a esta columna le corre sangre por las letras, voy a citar a uno que nadie podría tildar de liberal o progresista: “la máquina política se mueve siempre en conformidad de los manejos del que está encargado de tocar sus resortes” (Diego Portales).

Marcelo Toro.

Publicado: 13/05/2010

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