• 01/julio/2009 •

El Carrusel de la Justicia Chilena

<b>Eduardo Yáñez Morel</b><br>Empresario agro-industrial, panelista de diversos programas de TV. Defensor de los derechos ciudadanos, especialmente de la Libertad de Expresión. Presidente del Comité Pro-Defensa Ciudadana.

Eduardo Yáñez Morel
Empresario agro-industrial, panelista de diversos programas de TV. Defensor de los derechos ciudadanos, especialmente de la Libertad de Expresión. Presidente del Comité Pro-Defensa Ciudadana.

Hace mucho tiempo que no opino sobre la justicia chilena. La última vez que lo hice, fue en el programa de televisión “El Termómetro”. El pleno de la Corte Suprema, me envió a prisión.

A decir verdad, la justicia en Chile no ha cambiado significativamente en el último siglo. El gran escritor Vicente Huidobro en el año 1925 la calificaba de ser un “absceso putrefacto que empesta el aire y hace la atmósfera irrespirable. Dura e inflexible para los de abajo, blanda y sonriente con los de arriba.

Nuestra Justicia está podrida y hay que barrerla en masa. Judas sentado en el tribunal después de la crucifixión, acariciando en su bolsillo las treinta monedas de su infamia, mientras interroga a un ladrón de gallinas. Una Justicia tuerta. El ojo que mira a los grandes de la tierra, sellado, lacrado por un peso fuerte y solo abierto el otro, el que se dirige a los pequeños, a los débiles.”

Luego de 85 años, la percepción ciudadana no ha cambiado mucho. Los tribunales siguen liderando en el ranking de los servicios públicos peor evaluados en el país. La corrupción, la liberación de criminales peligrosos, las redes de protección, el secretismo, la persecución de escritores y críticos (Caso Alejandra Mattus) son pan de cada día.

En fin, casi un siglo después y el carrusel de la justicia no para de girar.

Capítulo aparte el desempeño que tuvo nuestra justicia durante el gobierno militar, periodo que probablemente representa la negación de justicia más brutal de nuestra historia.

Quiero recordar una entrevista de la periodista y escritora Patricia Verdugo, al presidente de la Corte Suprema en 1981. Se llamaba Israel Bórquez. Así fue:

Presidente, quiero la entrevista para hablar de torturas…

-¿Cuál tortura?

-¿Cómo que cuál tortura? Usted mismo ha recibido las denuncias, aquí se están tramitando querellas por torturas.

-Cualquiera puede hacer denuncias, de ahí a que sea cierto…

-Hay certificados del Instituto Médico Legal que las acreditan, presidente.

-Habrá que verlos, pues.

-Presidente, hay ciudadanos que logran vencer su terror y vienen acá a denunciar lo que les pasó. Y usted reacciona como si se tratara de cheques protestados…

-¿Y qué quiere que haga? –dijo casi gritando.

-Que actúe con la urgencia que esas denuncias exigen. Eso es lo lógico…

Se quedó unos segundos en silencio. Yo me levanté, me retiré varios pasos de modo que pudiera ver mi cuerpo entero.

-¿Sabequé es un «pau de arara» presidente?

Movió la cabeza en señal de negativa.

-Así es, míreme bien…

-Meten un palo bajo las corvas, detrás de las rodillas. Y uno se queda colgando, desnudo, con las manos amarradas adelante. ¿Lo ve? Así es, presidente. Los genitales quedan al descubierto. Y de tanto en tanto, los torturadores aplican electricidad…

Me incorporé para tomar aliento,y seguí explicándolecon gestos las torturas, llamadas “el submarino”, “el teléfono”, “la parrilla”. El miraba en silencio, casi sin pestañear. Cuando terminé, me acerqué al escritorio.

-Presidente; ¿cómo puede dormir tranquilo?

-Duermo muy tranquilo –dijo marcando cada sílaba.

-¿Y no le importa lo que de usted diga la historia?

-Nada. No tengo hijos.

-Se levantó, tomó el citófono para comunicarse con su secretaria. Yo tomé mi grabadora y salí. No hubo despedida.

En la actualidad el Poder Judicial se ha planteado a si mismo dos grandes metas: 1.- Lograr al autonomía financiera, 2.- Mejorar su deteriorada imagen pública.

Respecto de la autonomía financiera del Poder Judicial se debe tener en cuenta que por tratarse del único Poder del Estado que no se somete periódicamente al veredicto ciudadano en las urnas, resulta indispensable que cualquier transferencia de poder –por mas justa que esta sea – vaya acompañada de exigencias de mayor transparencia y apertura al escrutinio público. Dotar al Poder Judicial de mayores atribuciones y autonomía – sin pedirle nada a cambio – puede traer consecuencias negativas para nuestra democracia. El traspaso de autonomía sin velar por un debido equilibrio o contrapeso, conlleva el riesgo de potenciar sistemas judiciales aun más cerrados y autoreferentes.

Mientras en Chile se siga encarcelando a personas por el sólo hecho de tener tres gatitos en su departamento (caso Maria Cristina Gaete /sicóloga), o tratar como criminal a quienes no riegan el antejardín de su casa (caso Gloria Cisternas /Providencia). Y que por la otra puerta, los tribunales liberen a lanzas, asaltantes, ladrones y hasta peligrosos asesinos. La imagen del Poder Judicial no logrará tener el sitial que le corresponde en nuestra actual sociedad.

Hoy por hoy, el Poder Judicial debería aspirar a ser reconocido por la opinión pública como una institución del Estado que forma parte del entramado democrático en donde se promueve la participación y contribución de sus integrantes hacia la sociedad. Posiblemente, cuando el carrusel termine de girar, las metas de la judicatura se logren.

Eduardo Yáñez

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