• 28/julio/2009 •

El Día del Niño y su mercantilización

<b>María Victoria Peralta</b><br>Directora Instituto Internacional de Educación Infantil (IIDEI) Universidad Central de Chile.

María Victoria Peralta
Directora Instituto Internacional de Educación Infantil (IIDEI) Universidad Central de Chile.

El domingo 9 de agosto se celebra en nuestro país el Día del Niño. En 1989, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estableció los derechos universales del niño y sugirió a los gobiernos que celebraran el «Día del niño» en la fecha y forma en que cada uno de ellos estimase conveniente.

En Chile, la «Convención sobre los Derechos del Niño», es ley nacional y está dirigida, justamente, a todos los niños del país. Fue suscrita y firmada junto a otros 57 países, el 26 de enero de 1990.

La Convención estableció un conjunto de principios y derechos, basados en el respeto a la dignidad y el valor de cada niño, independiente de su raza, color, género, idioma, religión, opiniones, orígenes, riqueza, nacimiento o capacidad.

Chile, tenía tradicionalmente su propia celebración: la “Semana del Niño” en el primaveral mes de Octubre, promovida por el Rotary Club desde 1928. Por razones poco claras, se trasladó este día al mes de Agosto, que de acuerdo a la información del sector financiero, es la fecha de venta más importante, después de la Navidad. Catálogos de juguetes, ventas “especiales”, “jugueterías de sueño”, evidencian la importancia económica de este día, y a la vez, cómo se pierde su real significado y relevancia.

Uno de los principios fundamentales de la Convención Internacional de la ONU, corresponde al “interés superior del niño”. Este planteamiento y las teoría sobre sus necesidades e intereses, reafirman que, antes del juego transitorio, generalmente expresión de una “cultura chatarra”, desechable y portadora de mensajes consumistas de escaso valor, están el amor y tiempo que la familia puede dar con calidad a sus hijos. No es un planteamiento nuevo, pero aún seguimos cayendo en la vorágine de las compras, en especial con los niños más pequeños.

Los párvulos son aún considerados como seres limitados en cuanto a sus intereses. El arte: el diseño, la música, la escultura o la ciencia y tecnología, no se reconocen como prioridad para ellos. Ello no deja de ser paradójico, cuando estamos avanzando para que bibliotecas, museos, salas de exposición, centros literarios, se abran para que los niños entren, toquen, jueguen, descubran y se asombren con el fantástico mundo que este siglo ofrece.

No desconozco el aporte de este día para la economía y más en este año de crisis, pero podría ser a través de nuestra industria cultural, que se diera trabajo a mimos, cantantes, actores, inventores, magos, dibujantes, escritores, en fin, toda la gama de la rica expresión cultural chilena y latinoamericana, para salir de este día tan mercantilizado que no aporta a afianzar afectos, identidades, convivencia y todo a lo que aspira la Declaración de los Derechos del Niño.

Esperemos que este próximo domingo, sea para reafirmar lazos profundos, donde les expresemos a lo mejor de nuestro país: nuestros fantásticos niños, que los queremos mucho, que defendemos su derecho a la familia, al buen trato, a la identidad, al juego infantil y a la verdadera educación, que es aquella que entregamos todos los días de nuestras vidas y no de manera aislada y sin un sentido claro.

Esos deben ser los permanentes regalos que debemos entregarles, que materialmente cuestan poco, enriquecen el espíritu, y forman humanamente. Si es así, ¡bienvenido una vez más el día del Niño!

María Victoria Peralta

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