• 05/mayo/2017 •

El Decaimiento de la Gestión Pública

<b>Hernán Narbona Véliz</b><br><b>@hnarbona</b><br><b>periodismohnv.blogspot.com</b><br>Poeta, Escritor, Administrador Público y Licenciado en Relaciones Internacionales. Periodista Independiente, autor del libro "Crónica de Dos Siglos", 2010, Fondo Editorial Periodismo-Probidad

Hernán Narbona Véliz
@hnarbona
periodismohnv.blogspot.com
Poeta, Escritor, Administrador Público y Licenciado en Relaciones Internacionales. Periodista Independiente, autor del libro "Crónica de Dos Siglos", 2010, Fondo Editorial Periodismo-Probidad

En los principios de Administración del clásico Henri Fayol se consolidaba el deber ser de la Administración. Con la simple contrastación de esas premisas y la realidad que se vive en la Administración Pública, podemos inferir el decaimiento que afecta a las instituciones, en el marco de un Estado minimizado y cooptado por sectarismos políticos, relaciones impropias con el sector privado, distorsión de su rol regulador y fiscalizador en aras del bien común.

¿Cuáles son esos principios de Administración que queremos usar como parámetro de idoneidad moral y técnica al interior de la Gestión Pública?

Unidad de mando: Cada funcionario tiene que responder a un solo jefe. ¿Qué ocurre hoy cuando las lealtades están con el partido o grupo que permitieron ocupar un cargo en el Estado? ¿Existe un compromiso laboral con el servicio público o éste queda subordinado a los intereses de grupos que ocupan al Estado como coto de caza?

Autoridad y responsabilidad: Quien tiene el poder avalado por un cargo, tiene que responder por los resultados de su gestión. En la democracia representativa chilena los representantes políticos no rinden cuentas. Dentro del aparato público, a nivel de Jefes de Servicio hay normas para dar cuenta pública de las actuaciones, objetivos y resultados logrados. Sin embargo, Alcaldes, Consejeros Regionales, Concejales, Diputados ni Senadores rinden cuenta de su gestión. El representante popular actúa muchas veces en defensa de intereses que no son los de sus representados y nada pasa. Un manto de impunidad y oscurantismo blinda estos espacios. Los políticos no asumen sus responsabilidades y siempre buscan un fusible de rango menor a quien cargar sus yerros.

Unidad de dirección: Todos los miembros de una organización, en este caso el Estado deben trabajar a favor de los mismos objetivos. Se supone que hay intereses de Estado, que se definen e implementan en escenarios de largo plazo, como intereses permanentes de la Nación; y otros que son los intereses del gobierno de turno. De acuerdo al escenario político, estos dos planos podrán tener mayor o menor congruencia. Lo que se aprecia es que el cuoteo político ha repartido el Estado en reductos estancos, que manejan políticas públicas y recursos en forma segmentada, sin efectivo liderazgo del Jefe de Estado con una impronta integral que debe tener un Estadista. Es  nivel de político no se ha dado en los 27 años que han transcurrido desde el término del régimen militar a la fecha.

Centralización: Se refiere a la afluencia hacia la cabeza de mando quien tomara las decisiones. Cuanto más grande sea la organización menor será la centralización. En Chile, por el contrario, se vive un sistema político Presidencialista altamente concentrador de poder y recursos, con toma de decisiones que han postergado metódicamente a las regiones, sumiendo al Estado en debilidades estructurales, con regiones que subsidian a la capital. Hemos vivido esfuerzos ciudadanos para exigir regionalización, traslado de soberanía económica a las regiones y todo ha sido inútil.

Subordinación del interés particular al general: Son prioritarios los intereses de la organización y luego los personales. El Estado debe velar por el Bien Común de sus habitantes. Tiene que preservar el territorio y cuidar el orden institucional. En este plano hemos constatado un Estado permeable a distintos tipos y niveles de corrupción, con la codicia robando descaradamente patrimonio público, en la Administración de empresas del Estado, en la Fuerzas Armadas, en Carabineros. Las coimas, cohecho, tráfico de influencias, malversación, prevaricación, nepotismo, colusión, uso de información privilegiada, han sido un tsunami de corrupción colapsando las confianzas. El individualismo y la impunidad que resulta del manejo político de las Fiscalías , de la Justicia, de los organismos que tienen por finalidad fiscalizar, han terminado minando la integridad del Estado, más allá de su carácter subsidiario. Sin un Estado íntegro el mercado no tiene límites y la convivencia se convierte en un clima salvaje y depredador, donde todo vale.

Disciplina: Es sinónimo de respeto. Se ha perdido el respeto a la autoridad, a los profesores, a los padres. La sociedad percibe que el Estado no la protege, que navega a la deriva. La violencia aparece en lo cotidiano y escala a niveles intolerables.

División del trabajo: Induce a la especialización y por lo tanto promueve eficiencia. En una educación mercantilizada y con un Estado permisivo que no se hace cargo de mejorar las competencias de sus trabajadores, profesionales y técnicos comienza una anarquía marcada por la mediocridad. El estilo Cau Cau aparece ligado a las corruptelas y marcado por la improvisación y la falta de rigurosidad, lo cual aporta otra cuota al decaimiento del país. Porque no se invierte seriamente en investigación y desarrollo y lo que se invierte no tiene auditorías de resultados por  lo que se presta para otro flanco de corruptelas.

Orden: Se puede sintetizar con la frase “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”. Significa que los procesos se cumplan, que cada quién haga lo que tiene que hacer, que exista compromiso con el trabajo. En el Estado actual la cultura es minimizar el esfuerzo y maximizar los beneficios. La productividad en Chile va decayendo y el Orden se ve debilitado por el desorden, donde no hay castigo por no cumplir.

Jerarquía: Representa la cadena de mando, quién manda a quién. Hay que respetarla dirigiéndose al inmediato superior/inferior. Con la toma de cotos de caza por distintos grupos de interés, lo que se da en la Administración central y municipal, las jerarquías e relativizan. Las lealtades van con los caudillos que reclutaron incondicionales para ciertos trabajos. Las jerarquías se pierden y se irrespetan.

Justa Remuneración: La retribución por el trabajo debe ser acorde a las tareas desempeñadas y justas. Un sistema político económico de capitalismo salvaje lo que menos tiene es de equidad en las remuneraciones. Las brechas son abismantes e inmorales.

Equidad: Es sinónimo de justicia y trato igualitario para con todos los empleados. En Chile habemos ciudadanos de primera, segunda y tercera clase, discriminados y segmentados en una falta profunda de equidad. El subdesarrollo se evidencia en esta desigualdad y esto sume a la sociedad en una gran inseguridad.

Estabilidad del personal: Se le debe dar al trabajador el tiempo suficiente para aprender y asimilar las tareas encomendadas. El trabajo en Chile es precario. El Estado es muy mal empleador, aunque aún así es mejor que los privados. Sin embargo, es patético que el propio Estado, que mantiene empleos a contrata o a honorarios por décadas, no cumple con las leyes laborales o con los Convenios que pomposamente firma en las instancias internacionales, como la OCDE o la OIT.

Iniciativa y Trabajo en Equipo Se debe estimular y valorar los aportes efectuados por el personal que favorezcan a la empresa. Se refiere a la armonía en los vínculos para que el ambiente laboral sea agradable. En el Estado no hay cultura de trabajo e equipo, los directivos de confianza no llegan a liderar a los de carrera. En general, los climas laborales y de convivencia en Chile se han deteriorado a tal grado que la ira pampea a flor de piel en las urbes. El egoismo, el sálvese quien pueda, son una señal de stress colectivo frente a la indefensión y la impotencia. Pasar desde allí a estadios de violencia es algo altamente probable, por lo que  la visión de Estado, la salud física y psíquica de las personas, son un factor profundo de deterioro moral del Estado de Chile.

Simplemente yendo a las bases de sentido común que enmarcan la Administración moderna a escala humana, se puede apreciar cuán lejos estamos de os estándares mínimos para una gestión pública de Estado, que responda a una construcción republicana de largo plazo. El ejercicio cívico es poder fijar prioridades para que se reviertan las tendencias entrópicas que puedan destruir nuestro Estado. La Seguridad pasa por un respeto a las personas y por un Estado fuerte y Responsable, que enriele las energías del país hacia puerto de aguas tranquilas y nos saque del precipicio al que estamos acercándonos.

 

Hernán Narbona Véliz
@hnabona

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