• 11/agosto/2009 •

El derecho de los niños a una educación desde el nacimiento

<b>María Victoria Peralta</b><br>Directora Instituto Internacional de Educación Infantil (IIDEI) Universidad Central de Chile.

María Victoria Peralta
Directora Instituto Internacional de Educación Infantil (IIDEI) Universidad Central de Chile.

Cuando se hace referencia a “educación”, a pesar de los avances en este campo, aún muchos dudan de aplicar este concepto a los procesos intencionados que experimentan los bebés a través de diferentes modelos educativos existentes.

Se habla de “cuidado” y en el mejor de los casos, se utiliza el concepto “estimulación”, que es más restrictivo y limitado, ya que implica una respuesta reactiva, que es diferente a una de tipo proactiva y de formación humana integral que comprende el de “educación”.

Pero más allá de esta discusión es necesario poner atención en los diferentes tipos de necesidades que tienen los bebés y sus madres, quienes requieren de un tiempo y condiciones diferentes a las que hasta ahora hemos posibilitado como país, a través de los 84 días de postnatal que desde hace décadas tenemos, sin mayor variación.

Durante este semestre, se ha reactivado una discusión, que hace más de quince años se inició en la Comisión Nacional de Educación Parvularia, en cuanto a estudiar las posibilidades de alargar el postnatal a partir de argumentos que se relacionan con las necesidades más básicas de los bebés: de vida, nutrición y defensa, y sumando a ello, todo lo que hoy se conoce sobre la importancia educativa en los primeros años de vida.

La educación de los bebés fue planteada como una acción formativa por parte de la pedagogía con autores como Comenio, Pestalozzi y Froebel, es decir hace más de 200 años y, en las últimas décadas, diversos investigadores han ratificado su importancia, como Piaget y Erikson y, más actualmente, la neurociencia ha realizado aportes cruciales, que evidencian su incidencia en el desarrollo cerebral, poniendo de manifiesto que esta etapa no puede ser la de los “años olvidados”.

Los niños necesitan del cuidado y protección, pero también requieren de un ambiente afectivo y cognitivo intencionado, donde la tendencia a la relación con otros, su curiosidad, su sensibilidad, sus ganas de “actuar”, tengan un escenario adecuado para el desarrollo pleno de sus capacidades. Es su derecho.

Todo lo expresado, podría llevar a pensar que hay que crear más Salas Cunas aún; sin embargo, no es ese el camino que han emprendido otros países. Muchas naciones del primer mundo, y Cuba en el caso de Latinoamérica, han extendido el postnatal, por lo menos, hasta el sexto mes, y han hecho partícipes a las familias de programas que potencien su rol de primeros educadores de los niños.

Chile, cuenta con este tipo de programas, tanto en el Ministerio de Educación como en el Ministerio de Salud. Lo que falta, es una iniciativa legal que alargue el postnatal. Los recursos están (con el ahorro de licencias médicas, y disponibilidad de salas cunas no ocupadas en esta edad), y en especial, con voluntad política y ciudadana de todos los sectores para implementar esta medida.

En los últimos meses, esta iniciativa ha ido obteniendo apoyo de diversos sectores del poder legislativo y también de algunos candidatos presidenciales. Sin embargo, hacen falta más voces para que se traduzca en una política de consenso y por tanto, de Estado, que se integre a “Chile crece contigo”.

También hace falta la voz de los empleadores, para tener la seguridad que una medida como ésta no afectará la contratación de las mujeres; de las instituciones vinculadas con el resguardo de la familia, la vida y la maternidad, como UNICEF, las Iglesias y otros actores que deben emitir sus argumentos y posiciones en un asunto tan importante como la vida, desarrollo y educación de los niños, los ciudadanos que regirán los destinos de Chile en el siglo XXI.

Si deseamos personas-sujetos plenas, con seguridad, capacidad para decidir, crear, y solucionar problemas, tenemos que tener presente que ello se forma en los primeros años de vida, donde los tres primeros son clave, ya que se produce el desarrollo cerebral y se instalan las bases de todo tipo de comportamientos que influirán en los aprendizajes presentes y futuros.

Proyectándonos al Bicentenario de nuestra república, debemos pensar que la mejor ofrenda que podemos entregarle al país, es invertir en nuestros niños y niñas pequeños con tiempo, amor, inteligencia y recursos.

Sabemos lo que hay que hacer, tenemos investigación de respaldo de todo tipo, lo que necesitamos es una mayor conciencia de la importancia de estos temas y de un actuar consecuente con ello.

María Víctoria Peralta

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