• 30/octubre/2019 •

El estrecho corredor de Chile

<b>Francisco A. Gallego</b><br>Profesor Economía, PUC Pontificia Universidad Católica)

Francisco A. Gallego
Profesor Economía, PUC Pontificia Universidad Católica)

Mientras sucedía el 19-O, leía el nuevo libro de Daron Acemoglu y James Robinson “The Narrow Corridor” (que complementa su libro previo “Why Nations Fail”). La hipótesiscentral es que sociedades democráticas que garanticen libertad, equidad y desarrollo son fundamentalmente inestables y operan en lo que llaman un “estrecho corredor”, que resulta de un equilibrio entre una estado capaz y sólido y una sociedad civil activa y pujante. La sociedad civil empuja al estado a respetar y expandir los derechos de las personas y limita al estado para que sirva a las personas (y no así mismo). Las instituciones estatales a su vez canalizan a la sociedad para resolver conflictos y potenciar la colaboración respetando la equidad y las libertades. Para eso se necesita un estado impersonal, inclusivo y capaz.

Esta tensión creativa es la que lleva a la prosperidad. Es una tensión porque implica en ocasiones conflictos. Los autores mencionan varios ejemplos de conflictos en países donde la sociedad civil ha protestado de un modo similar a lo hemos visto en Chile desde hace pocos días. Pensemos en la lucha por los derechos civiles en EEUU, sus cambios institucionales y la prosperidad que esto generó (con mejoras significativas en el crecimiento económico al aprovechar talento perdido, como documenta un trabajo reciente de profesores de Chicago y Stanford).

Todo se juega en cómo el estado es capaz de responder a esta tensión. Las sociedades que se mantienen en el estrecho corredor resuelven estos conflictos mejorando sus instituciones. De hecho, los autores argumentan que la crisis institucional de Chile que condujo a la dictadura militar es justamente un ejemplo de un momento en que no se supo manejar bien las tensiones y resolver el conflicto. Resolución que implica ceder y llegar a acuerdos entre grupos, hacer cambios, avances, pero hacerlo desde las instituciones. Luego los autores ponen a Chile de regreso en el estrecho corredor luego de la recuperación de la democracia, los acuerdos de aquella época y el desarrollo de los 1990.

¿Qué pasa hoy? En esta tensión creativa entre sociedad civil e instituciones, las instituciones parece que no dieron el ancho y la sociedad civil se levantó. Había muchos antecedentes (que poca gente vio): descontento, desigualdades, bajísima confianza en todas las instituciones, abusos desde el sector privado, ineficiencias desde el sector público, y una larga lista. Junto con una elite política, económica e incluso de algunas ONGs que está muy lejos de la mayoría de las personas en Chile. Vive en otros lugares, va a escuelas diferentes y con “normas de conducta” que no ayudan a la inclusión (como usar CVs que incluyen el colegio).

¿Por dónde salir? El libro está lleno de ejemplos exitosos. Todos implican negociaciones donde se cede y se llega a acuerdos: cambios institucionales y de políticas que recogen y formalizan demandas de la sociedad civil, pero que se hacen vías las instituciones y no fuera de ellas. Cambios importantes de normas también en la elite. Ojalá que podamos darnos cuenta (como sucede en casi todas las cosas) que no somos los primeros (ni seremos los últimos) en enfrentar este tipo de desafíos. Busquemos ejemplos y apliquémoslos. Pero esto implica ceder y canalizar las demandas de modo institucional. Ojalá no nos salgamos de este estrecho corredor (de nuevo). Yo creo que es posible, pero requiere esfuerzo y liderazgos amplios.

 

Francisco A. Gallego
Profesor Economía, PUC Pontificia Universidad Católica)

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