• 19/julio/2017 •

El fin justifica los medios, la corrupción es un detalle

<b>Hernán Narbona Véliz</b><br><b>@hnarbona</b><br><b>periodismohnv.blogspot.com</b><br>Poeta, Escritor, Administrador Público y Licenciado en Relaciones Internacionales. Periodista Independiente, autor del libro "Crónica de Dos Siglos", 2010, Fondo Editorial Periodismo-Probidad

Hernán Narbona Véliz
@hnarbona
periodismohnv.blogspot.com
Poeta, Escritor, Administrador Público y Licenciado en Relaciones Internacionales. Periodista Independiente, autor del libro "Crónica de Dos Siglos", 2010, Fondo Editorial Periodismo-Probidad

¿Cuánto influirá el aspecto ético en la decisión de voto de los chilenos en las próximas presidenciales?

Si se ha vivido una judicialización de la política y la corrupción ha tenido como protagonistas a políticos de Chile Vamos y de la Nueva Mayoría, que han vendido sus favores a los grupos económicos que son parte de un modelo implantado por la fuerza en una dictadura ¿será tema la honestidad de los candidatos?

¿Se ejercerá la soberanía popular o se mantendrá la abstención que ha entregado el poder a partidos convertidos en verdaderas sociedades anónimas que negocian su cuota de poder como administradores del modelo?

En Chile Vamos fue el Senador Ossandón el que planteó duramente la necesidad de separar la política de los negocios. Enrostró a Piñera sus faltas a la probidad y obtuvo más votos que el Frente Amplio.

¿Fue el arrastre territorial de Ossandón o realmente reflejó una percepción ética de sus adherentes? Lo real es que la derecha dura se volcó a las urnas para blindar y elegir a Sebastián Piñera, demostrando que priman en ese sector los intereses corporativos a los cabildeos éticos.

Culturalmente, esto evidencia una concepción que valida la usurpación, la trampa y hasta el golpismo, con tal de defender la posición dominante. En la elección de Piñera como opción para un segundo período, no importó que haya mantenido activos en paraísos fiscales o que se haya invertido desde su fideicomiso en una pesquera peruana en medio del juicio en La Haya, siendo él Presidente de la República. Nada de eso prima, cuando la derecha lo ve como carta electoral para borrar las débiles reformas cosméticas del gobierno de Michelle Bachelet, reactivando el crecimiento y defendiendo los pilares estructurales del modelo.

Pero ha sido en la gestión de la Nueva Mayoría en donde se advierte una contradicción vital entre el discurso de izquierda que ofreció cambios de fondo y la práctica conocida, llena de contradicciones, marchas y contramarchas. Es frente a la evidencia de una coalición que ha mantenido vasos comunicantes con SQM y otros grupos económicos,con leyes que casi han tenido dedicatorias, que ha surgido el desencanto político profundo en la gente que proviene del viejo allendismo y que tiene la vivencia de 40 años de vida política de izquierda, Se trata de un sentimiento de rabia frente a la traición sufrida que cometieron los otrora compañeros de ruta, que claudicaron a sus principios y dejaron a la gente esclavizada a un sistema depredador.

Las leyes que han favorecido a los grupos corporativos, que han debilitado al sindicalismo, la presión sobre los organismos fiscalizadores y sobre los Fiscales para frenar las investigaciones y denuncias de delitos que involucran a políticos de la coalición gobernante. dan cuenta de la pobre adhesión con que está cerrando su gobierno Michelle Bachelet. Lo importante es que esa percepción de las encuestas se refleje en la acción cívica concreta del sufragio, Y allí surgen más dudas.

Súmese a los casos que han cruzado el período de la Nueva Mayoría, incluido el caso Caval, lo que ha significado en la reciente semana el Segundo Informe sobre Sename, aprobado después que se borrara la mención a Javiera Blanco, actual consejera del Consejo de Defensa del Estado, a la que se acusaba en el primer informe, de negligencia inexcusable por inacción frente a la muerte 1313 niños que estaban bajo protección del Estado, en el ámbito de su Ministerio de Justicia.

Esto se verá posiblemente reflejado en un voto de izquierda histórica que buscará una opción consecuente en la coalición emergente, el Frente Amplio, en la medida que el programa presidencial de Beatriz Sánchez recoja las prioridades de ese mundo silencioso, que se ha alejado de la política por pérdida de confianza. Un liderazgo con principios republicanos categóricos en materia de Estado, Probidad y Transparencia sería requisito de piso para motivar un voto comprometido, sin caer en la campaña de frenar a Piñera que ha levantado en forma difusa la Nueva Mayoría.

Por tanto, en el mundo de la antigua Concertación está jugando dividido en dos candidatos y la división se ha dado por la decisión de la DC de seguir el camino propio para poder negociar listas parlamentarias con los partidos que se alinearon tras Guillier. El pragmatismo total es el telón de fondo de la coalición de gobierno, vaciado de principios históricos, jugando al populismo y los acuerdos cupulares.

En definitiva, el votante, el ciudadano ¿votará por ofertones de campaña o lo hará pasándoles la cuenta a los políticos corruptos? ¿Qué busca la gente al elegir Presidente?
¿Les interesará a los chilenos tener gobernantes honestos y consecuentes?
¿Primará el pragmatismo amoral que plantea que todo vale y que el fin justifica los medios?

Hernán Narbona Véliz
Periodismo independiente
@hnabona

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