• 12/agosto/2009 •

El gran triunfo de Enríquez-Ominami

<b>Carlos Cuadrado S</b><br>Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Carlos Cuadrado S
Director Ejecutivo de Grupo Vértice. Periodista. Magíster en Ciencias Políticas.

Marco lo logró, y con creces: ya tiene en su poder las 36 mil firmas que el sistema electoral chileno le exige a cualquier candidato que quiera postular a la presidencia de la república como independiente. Y no sólo eso, sino que además reunió el doble de las rúbricas requeridas, superando incluso a los asistentes de las precarias primarias realizadas por la Concertación en abril.

Este hecho, que fue anunciado el domingo pasado por el ex diputado PS y que no ha sido muy amplificado por los medios de comunicación, es un “hito histórico” en la tradición republicana de Chile, ya que ME-O logró atravesar la ingente barrera de entrada que impone la legislación local a cualquier ciudadano que quiera optar a un cargo de representación popular fuera de la órbita de los partidos.

A estas alturas poco importa si el parlamentario “díscolo” -como lo han apodado sus pares oficialistas- pasa a segunda vuelta o logra acceder al sillón de O´Higgins, porque el objetivo de fondo lo cumplió: perforar las estructuras pétreas del establishment político chileno, que durante los últimos dos lustros se ha negado a abrir espacios a las nuevas generaciones.

Marco ya ganó y se puede dar por satisfecho de estar construyendo una senda de apertura y renovación, que independiente de los resultados de diciembre próximo, es un fenómeno irreversible. Si gana la Alianza, se iniciará un proceso de alternancia generacional transversal en ambas coaliciones, ya que la oposición deberá convocar a mucho personal para conformar el Estado y en el oficialismo, los jóvenes profesionales se tomarán los espacios de quienes hoy ostentan la conducción del sector y llevan más de 4 décadas en la actividad. En caso de ganar Frei, el proceso se podrá contener un período más, pero igualmente tendrá fecha de vencimiento.

La tarea no fue fácil y sólo podía iniciarla un líder que reuniera las características de Enríquez-Ominami: contar con un capital político de larga tradición familiar sustentada primordialmente por su padre biológico primero y el putativo después (Miguel Enríquez y Carlos Ominami); su calidad de congresista, que le permitió tener una posición privilegiada dentro del sistema para iniciar la arremetida; una transversal red de contactos que le facilitó el financiamiento para esta arriesgada y onerosa aventura en que la sola recolección de firmas significó un gasto aproximado de 40 millones de pesos (Rodrigo Danús y Max Marambio); y la gran empatía, carisma y capacidad mediática que tiene el novel diputado para obtener tribuna pública, apoyado por la potente imagen de su señora (Karen Doggenweiler).

Todos estos elementos actuaron como una verdadera levadura que en 9 meses situaron su utópico anhelo inicial en una carrera que se consolida a pasos agigantados, amenazando de forma real las pretensiones del senador falangista.

Marco ya tiene asegurado un lugar en la pole position presidencial, garantizando su aparición en la papeleta el próximo 13 de diciembre, que a la luz de todos los análisis es un fenómeno que marcará un punto de inflexión en la sinuosa geografía política del país.

Lo que hizo ME-O es de un coraje encomiable, ya que las presiones de los barones concertacionistas para que desistiera, fueron abrumadoras, utilizando toda la maquinaria y poder para bajar sus aspiraciones. Nadar contra el sistema no es fácil y muy bien lo sabe el diputado gremialista José Antonio Kast, que el año pasado levantó una candidatura para dirigir la UDI, ruido de sables que fue aplastado por los coroneles del partido, a pesar de la interesante votación que obtuvo.

Con la inscripción de Marco, los históricos dirigentes de gobierno como de la Alianza por Chile han quedado notificados de que para ellos está llegando el final de los tiempos, ese que dice que no hay mal que dure 100 años ni electorado que lo aguante.

Carlos Cuadrado S.

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