• 18/junio/2010 •

El imaginario Sesentista de la reforma del 68… ¿Sólo una historia utópica?

<b>Alejandro Díaz</b><br>Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Alejandro Díaz
Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

La reforma Universitaria del 68 fue un proceso inconcluso, como lo fue toda la experiencia participativa social y política de la década de los 60 y 70. En consecuencia la experiencia sesentista de construir Universidad, lejos de representar un modelo fracasado, nunca tuvo la oportunidad de desarrollarse en plenitud. El golpe militar y la marejada neoliberal, revirtió el modo primigenio desarrollista de constitución de la relación sociedad y Estado y reconvirtió a la Universidad en función de la matriz neoliberal educativa.

Sin embargo este imaginario sesentista de reforma, pareciera ser resistente al olvido y de alguna manera se aloja, en la conciencia social reprimida y que de tanto en tanto, pugna por aparecer y con más o menos fuerza, y es detectable en las expresiones callejeras y en la seguidilla de reivindicaciones estudiantiles y académicas en las décadas siguientes. Tal fenómeno, pareciera que es expresión de una latencia universitaria democratizante.

Actuará en la matriz de esta percepción, la idea de que la Universidad es una “zona estratégica” y que en el cumplimiento de su función educativa, la Universidad-implícita o explícitamente- trata además de moldear a sus alumnos según algún sistema de valores. No solo transmite el saber y ciertas destrezas intelectuales,- información y habilidades-sino que también define proyectos culturales, como cualquier otra agencia de educación. Modos de pensar, categorías de percepción, de apreciación y esquemas de valor que determinarán en gran parte lo que los individuos conciben como necesario o digno de ser pensado y lo que deben pensar de ello” ([1]) En tal circunstancia la necesidad de conquistar esta zona estratégica, era un consideración política de envergadura en las propuestas de las fuerzas reformistas.

Tales expresiones de un núcleo de pensamiento universitario reformista sufre la diáspora de los múltiples exilios y sufrirá junto con el, todas sus consecuencias reinterpretativas. En la interioridad de la Universidad, la contrarreforma es un proceso de fácil resolución para la dictadura. En primer lugar, la represión, despejará cualquier manifestación opositora y en segundo lugar, la estructura genotípica conservadora, devolverá al cauce tradicional, los fenómenos que pugnaron por escaparse de esa matriz y con ello, la Universidad se preparará obedientemente para asumir un nuevo rol en la estructura neoliberal de relaciones sociales.

En consecuencia el proceso de recuperación de la función Universitaria para una sociedad participativa y pluralista será también un proceso inconcluso. La universidad junto al pueblo, Universidad para todos”, la nueva universidad, Universidad comprometida, serán planteamientos estigmatizados, cuando no ridiculizados y se perseguirá cualquier pensamiento que recuerde esas pretensiones. Papel no menor, jugarán las propias autocensuras en las décadas siguientes. La impronta de la Universidad neoliberal, militarizada en el caso de Chile y “mercado dependiente”, se organizará internamente en una nueva manera de empresa educativa, con rígidos parámetros de organización vertical, que será obligada al autofinanciamiento y a la competencia por fondos escasos. En el camino, quedarán los conceptos de autonomía, democracia participativa, libertad de cátedra, elección de autoridades, es decir todos aquellos paradigmas universitarios que desde el siglo XIII, habían venido organizando la actividad universitaria y que en América Latina habían emergido desde el grito de Córdova en 1918. Llamaremos a éste ethos trashumante de pensamiento universitario reformista, la “condición democrática de la Universidad”.

Tal condición democrática, tendrá una oportunidad en las propias entrañas del neoliberalismo, cuando obligado éste a descentralizar funciones que no puede sostener, será obligado a devolver a la sociedad también la función educativa. Tratará de devolverla en forma privatizada y mercantilizada, pero existirá también la posibilidad que esa función sea reinterpretada y articulada de manera colectiva por segmentos de la sociedad civil, que capitalizan socialmente la Universidad y la construyen comunitariamente. Abordando el núcleo esencial, que pretendidamente le impone el neoliberalismo a la Universidad: la propiedad privada de los medios de producción educativa.

De esta forma, teóricamente, podría existir la posibilidad de que esa función sea socializada o cooperativizada, aun con los mismos procedimientos de los arreglos jurídicos legales de la economía capitalista y podría desarrollarse un quiebre estratégico al sistema Universitario Neoliberal: Grupos sociales subalternos, organizando mancomunalmente su derecho a construir su función educativa en forma orgánica. Aparecería, entonces, la posibilidad de establecer la condición democrática para una organización universitaria de nuevo tipo, que apropiándose del ethos inconcluso, establece una zona de sobrevivencia y de resistencia, que es capaz de utilizar las condiciones ambientales de capitalismo globalizado financiariamente, para expresar y articular la emergencia de múltiples zonas estratégicas de rizomas agregativos de articulación societal antisistema, desde una Universidad Rizoma Mancomunal. ([2])

En definitiva, estamos sosteniendo, que el proceso de reforma universitaria del año 68, fue un proceso abortado en la superficie de los fenómenos universitarios, pero que podría encontrar un camino de alojamiento en las mismas instituciones universitarias y otras alternativas de reflexión y acción social, Partidos Políticos y ONG, que alimentando un encuentro de complicidades exploratorias Universitarias, se sedimentaran principal y fundamentalmente en Universidades del sistema, pero “extrañas” al sistema.

Ello podría alimentar la idea de que la descentralización Educativa neoliberal contendría en su interior una posibilidad de construcción de gobernanza universitaria, que alojada en los intersticios del sistema social marginalizado, estaría disponible para organizar espacios de autogestión educativa universitaria. Y además, podría, señalarse que el mismo sistema económico legal de organización de la universidad neoliberal, podría posibilitar la organización autogestionaria y mancomunal de los principales actores de la Comunidad universitaria: estudiantes, académicos y administrativos.

Y así estaríamos en presencia de una nueva utopía, esto es, una Universidad Democrática que devendría en un cuerpo orgánico de grupos y movimientos sociales interesados en mantener y construir proyectos culturales de nuevas matrices civilizatorias humanizantes, a partir de su sostenibilidad en el propio movimiento social y en su capacidad de autogestión institución, cultural y económica.

Alejandro Díaz.

Publicado: 18/06/2010

[1] JJ Brunner, La Reforma Universitaria, Cuadernos de la Realidad Nacional,, Centro de Estudios de la Realidad Nacional, Universidad Católica de Chile.

[2] Utilizamos aquí el concepto de rizoma, según lo entiende Guattari en su clásico Cartografías del Deseo, según el cual las posibilidades de maniobra de articulación social provendrán de la convergencia de rizomas de propagación democrática

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