• 22/diciembre/2010 •

El nuevo díscolo

<b>Felipe De Larraechea M.</b><br>Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Felipe De Larraechea M.
Periodista, Consultor de Comunicaciones Estratégicas.

Si hay algo que políticamente desde siempre ha caracterizado al actual timonel del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, es su marcado carácter, de personalidad altamente ideologizada y frontal. En una palabra, directo.

Fundamentalmente por lo anterior es que llamó a la atención su accionar durante la votación del proyecto del Gobierno sobre reajuste salarial al sector público, instancia que culminó siendo aprobada el pasado miércoles 15 por 44 votos contra 43 en la Cámara Baja.

En la ocasión, el ex ministro del Trabajo optó por abstenerse, generando – era que no – un revuelo de proporciones. Incluso fue catalogado como “traidor” por más de algún correligionario.

Pero, ¿debería llamarnos la atención la posición adoptada por Andrade?;¿qué es lo que explica su cuestionado modo de operar?

Veamos.

A la fecha, el número uno del PS ha sido enfático en sus críticas a la administración de Sebastián Piñera, gobierno al que no reconoce prácticamente ningún avance. Igual de directas – aunque en sentido contrario – han sido sus palabras para con la Democracia Cristiana, partido al que cataloga como el “núcleo central de la Concertación.

También fue ciertamente condescendiente con el “fenómeno” MEO (a estas alturas da para hablar de fenómeno?), mientras que sus admiración y cercanía con el ex presidente Lagos parecen a prueba de fuego.

Pero no sólo se ha mostrado duro con el oficialismo. También lo ha sido con aquellos que se cierran a juzgar – por ceguera ideológica – a las dictaduras de izquierda. Lo que vemos entonces reafirma su marcada forma de ser y operar.

A la luz de sus actos y dichos recientes, el manto preliminar que envuelve a la figura del timonel PS invita a calificarlo como el más vil de los desertores. Además, no hemos oído – al menos públicamente – declaraciones en su favor.

Sus dichos post abstención han sido definidos como inverosímiles, pues para muchos sorprende que los sindicatos y las “bases” hallan acudido a él en lugar de levantar el tema al resto de la bancada que, como sabemos, se mostró reacia frente al proyecto.

Es precisamente en este punto el lugar donde se pueden comenzar a obtener respuestas de lo que ocurre puertas adentro.

Lo que los cerebros de la Concertación se niegan a ver, es el desorden interno que los aqueja, clarificado por una evidente ausencia de discurso común y deprimente ausencia de liderazgos propios capaces de levantar un buque que supo del éxito pero que ahora mastica el peor de los fracasos.

Dicho lo anterior, me parece que el anhelo oculto de Osvaldo Andrade tiene que ver con realizar un expresivo llamado de atención a los líderes de la Concertación en la búsqueda de un relato común alineado con los requerimientos de la ciudadanía, y de un país que pide a gritos una clase dirigente ejecutiva, diligente y capaz, por sobre políticos preocupados por la próxima elección.

Es aquí donde podríamos calificar a Andrade como un valiente dispuesto a sumir todo tipo de pérdidas – desde luego políticas y personales – por un bien mayor – futuro de la Concertación -. Con su gesto – abstención – Osvaldo Andrade terminó por desnudar el cuerpo de un conglomerado con olor a cadáver.

Por lo pronto, habrá que estar atento a si el líder socialista finalmente tiene éxito en su cruzada, a todas luces independiente, la que por el momento da la sensación de no contar con ningún aliado.

Felipe De Larraechea M.

Publicado: 22/12/2010

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