• 03/noviembre/2009 •

El nuevo Estado democrático

<b>Alejandro Díaz</b><br>Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Alejandro Díaz
Académico de la Universidad Central de Chile, Doctor © en Estudios Latinoamericanos.

Algunas encuestas recientes señalan que los chilenos quieren más Estado. Y en ese punto entonces conviene colocar la pregunta sobre qué tipo de Estado sería el objeto de nuestros deseos.

Algunos dicen que el Estado en el capitalismo es uno solo no más; y que da lo mismo que este haya sido desarrollista, neoliberal u oligárquico. Este Estado habría cumplido y seguiría cumpliendo una función de garante de las relaciones sociales del capitalismo. Sin embargo, la conciencia práctica de los chilenos parece indicar otra cosa. El Estado es necesario, dice la encuesta, y no sólo para administrar políticas asistenciales. Pareciera que décadas de ampliación de políticas sociales pre 73, incluida Reforma Agraria, desayunos escolares, viviendas y educación para todos, de Frei y Allende, se unen en el imaginario popular al más antiguo deseo de pan, techo y abrigo de Pedro Aguirre Cerda.

Así las cosas, la construcción cotidiana, clase a clase, día a día, de imaginarios por parte de todos los profesores de Chile, de todos los profesores y académicos, habría cumplido y estaría cumpliendo un efectivo dique de contención de los discursos neoliberales y, de paso, de rescate de las memorias que se han querido ocultar.

Puede que hoy los chilenos sean más individualistas, pero siguen imaginando una igualdad que provendría de la acción de un Estado, que no es capturado por el capital. Es decir, la hegemonía gramciana, en este caso neoliberal, se habría encontrado con residuos contra hegemónicos en la cultura popular, que de ser residuales habrían encontrado modos de estar convirtiéndose en emergentes.

Y de tal emergencia, que resituándose en nuevos habitus juveniles, estarían ad portas de constituirse en nuevos campos culturales de significados culturales dominantes. Pero, al revés de cómo algunos creen, éstos nuevos campos culturales no romperían con los ciclos culturales de larga duración, aquellos que provienen del Frente Popular, de la Revolución en Libertad o de la Unidad Popular, sino que se acoplarían sinérgicamente a la construcción de un nuevo campo cultura para imaginar un nuevo tipo de Estado, un Estado de izquierda.

Y es más: la hipótesis podría extenderse a las necesidades de humanización del bajo pueblo del siglo XIX, los peones labradores y proletarios, del cual nos habla Gabriel Salazar; o, incluso, traspasar el siglo XIX y ubicarnos en el siglo XVIII, en plena conjunción de los mestizos del bajo pueblo del Bio Bío con los mestizos del pueblo Mapuche, esos a los cuales cantó Violeta Parra y Margot Loyola. Y decir entonces que ese Estado que reclaman los chilenos actualmente es el Estado que nunca ha sido totalmente conquistado por el pueblo y que les fue negado persistentemente por la oligarquía del valle central de Chile…Y que se les sigue negando hoy día.

Por ello, es muy probable que en la próxima elección tenga mucho más que ver la Reforma Agraria del sesenta de lo que algunos creen. O el desayuno escolar de Pedro Aguirre Cerda. O el medio litro de leche de Allende. Porque la elección es sólo eso: Un momento en el largo periplo del pueblo de Chile para construir un Estado de Izquierda. Y ello, porque algunos candidatos que creen estar haciendo historia, no saben muy bien la historia que están haciendo.

Hace algunos años dijimos que no daba lo mismo quién administrara las políticas sociales. Hoy decimos que no da lo mismo el tipo de Estado que tengamos.

Alejandro Díaz.

Publicado: 04/11/2009

Relacionados: