• 28/diciembre/2010 •

El origen de nuestras fiestas

<b>Lorena Liewald</b><br>Secretaria de Estudios Ped. Historia y Geografía Universidad San Sebastián, Valdivia.

Lorena Liewald
Secretaria de Estudios Ped. Historia y Geografía Universidad San Sebastián, Valdivia.

Estamos prontos a terminar un año que se ha encargado de mostrarnos cómo nuestros proyectos pueden verse trastocados en un par de segundos. Sin embargo, mi objetivo no es analizar lo bueno o malo de este año bicentenario que ya comienza a despedirse con las fiestas de Navidad y Año Nuevo, sino más bien realizar una breve referencia al momento de nuestras celebraciones.

Según algunos escritos, el Papa Julio I solicitó en el año 350 de nuestra era, que el día 25 de diciembre fuese utilizado como celebración del nacimiento de Jesucristo, puesto que ese día la sociedad romana celebraba una fiesta denominada “Natalis Solis Invicti” (nacimiento del sol invicto) vinculado al solsticio de invierno que se asociaba al nacimiento de Apolo.

Además, existía un festival denominado Saturnalia, de 7 días de duración, en el cual se incluía el solsticio ya mencionado que correspondía en el calendario pre-juliano al 25 de diciembre. Durante la celebración de la Saturnalia, los romanos asumían una actitud de conciliación simbolizada, por ejemplo, con la liberación temporal de los esclavos. Con ello, la aún pequeña iglesia cristiana pretendía, al generar una fiesta común con los paganos, lograr una mayor cantidad de adeptos en un período en el cual, aún no era considerada como religión oficial del Estado.

En este ámbito, es importante destacar que la realización de fiestas o festivales durante alguno de los solsticios no fue privativo del pueblo romano. Ya sea en la lejana China, en la Galia, en Germanía y en nuestra América, tanto el solsticio de verano como de invierno era momento propicio para realizar una serie de ofrendas a una de las deidades más importantes: EL Sol.

En lo que respecta al mundo cristiano, para el año 525 Dionisio el Exiguo, monje y matemático, determinó el inicio de la Era Cristiana o Anno Dómini al afirmar que Jesús había nacido el sábado 25 de Diciembre del año 753 ab urbe condita (a.u.c) lo cual significaba “desde la fundación de Roma”. Si bien se considera que el monje cometió un error de aproximadamente cuatro años, su trabajo fue determinante al establecerse que el inicio de la Era Cristina era el día sábado 1 de enero, 754 años después de que Rómulo y Remo fundaran la Ciudad Eterna.

Lorena Liewald Dessy.

Publicado: 28/12/2010

Relacionados: