• 05/noviembre/2010 •

El pago de Chile

<b>David Bueno</b><br>Periodista.

David Bueno
Periodista.

Es mediodía de jueves y estoy parado en un kiosco esperando que alguien me atienda. El kiosquero tiene el televisor encendido y hay varias personas paradas frente a él mirando las noticias. De pronto, observo que anuncian al nuevo presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, ANFP. Un tal Jorge Segovia. Lo que significa que Harold Mayne Nicholls se va. Y eso se traduce en la inmediata salida de nuestro seleccionador nacional, Marcelo Bielsa. Y miro el rostro de los que observan. Todos reclaman, insultan y se agarran la cabeza. Entre tanto lamento la voz de una señora: “Este es el pago de Chile”, dice. Y todos la quedamos mirando.

Es imposible dejar de hablar de fútbol en momentos como éste. También es imposible dejar de ser visceral. Pero haciendo un esfuerzo tremendo- y créanme que es cierto- abandonaré estas dos tentaciones para referirme a esa frase que nos cayó de golpe a todos los presentes.

“El pago de Chile” es una de las tantas características inherentes en nuestra vilipendiada y particular idiosincrasia, por decirlo de una forma elegante. Una mala manera de devolver, de la peor forma, tanta entrega por nuestro país, hecha por quién sea y en cualquiera de nuestros ámbitos. “El pago de Chile” es, en buen chileno, un “combo en el hocico” para quien entregó tanto. Un combo hediondo a olvido, indiferencia, chaqueteo y envidia.

Podríamos hacer una enorme lista de quienes, en algún momento, se han acercado a la ventanilla de la desgracia para recibir en sus propias manos “El pago de Chile” y se han retirado cabizbajos, caminando como anónimos seres entre la gente hasta llegar a su casa. Y luego de cerrar la puerta desaparecer para siempre. Hay miles de ejemplos de exitosos personajes que tienen esta factura en su casa y la miran a diario sin entender el por qué los pasaron por caja sin concursos ni sorteos. Pero no haré uso de ellos. Eso se los dejo a ustedes.

La pregunta es ¿Por qué?. ¿En qué minuto devolvimos tanta gratitud con un pasaje a la punta del cerro? – sigo manteniendo la elegancia- ¿Quién nos autorizó a hacerlo?, ¿Quién nos dijo que eso era lo correcto?

Recuerdo mi época escolar. Me enseñaron a respetar la bandera, a adorar a mi himno y a todos los héroes que a usted también le dijeron que había que querer. Pero de los ídolos. De los ídolos nada.

Tal vez no sea éste el caso. Tal vez Ni Mayne Nicholls ni Bielsa entren en tan distinguida categoría, pero sí calzan perfecto en esta popular frasecita. “El pago de Chile”.

Tal vez a los niños debería hablárseles constantemente de Gabriela, de Pablo, de Violeta y de tantos otros que engrosan esta galería. Reforzarles la idea de que, como ellos, hay otros, que a lo mejor no llegaron tan alto, pero merecen su lugar en la historia. Merecen respeto y no el olvido. Un galvano, una calle, una placita perdida por ahí, una medalla. O un simple abrazo. Para qué pedir tanto. En vida, obviamente. En vida.

En una de esas logramos que la mentalidad cambie y que nos respetemos más. Que nos queramos y nos defendamos.

Esta es sólo una pata de la mesa. “El pago de Chile” es sólo una más de las muchas prácticas que deberíamos desterrar para siempre de nuestra sociedad. Como lo es el amiguismo, el arreglín, el nepotismo y el compadraje. Que la Real Academia de la lengua define como “unión o concierto de varias personas para alabarse o ayudarse mutuamente”. Que mejor definición para lo que ha sucedido. Aunque prometí no ser visceral.

Para qué escribir sobre lo que todos los demás ya han escrito. Los antecedentes están a la vista. Todos sabemos el trasfondo de esta historia.

Lo importante es tomar conciencia de que este tipo de cosas no pueden volver a suceder, mientras dependa de nosotros. Aunque en este caso sea una veintena de pelagatos los que decidieron por usted y por mí.

David Bueno.

Publicado: 05/11/2010

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