• 16/abril/2010 •

El valor del cuidado

<b>Ricardo Ayala Valenzuela</b><br>Docente Enfermería Universidad San Sebastián Sede Osorno.

Ricardo Ayala Valenzuela
Docente Enfermería Universidad San Sebastián Sede Osorno.

Cuidar de otros ha estado asociado en la memoria histórica con la figura de la mujer, con el espacio de lo doméstico, por ende de algo con poco valor comparado con el mundo masculino, el de los negocios, de la política o la guerra. Para quienes realizamos investigación científica sobre el cuidado, esta palabra tiene un significado profundo para la existencia del ser humano, arraigado a un ideal moral dado por nuestra condición de personas. Se relaciona, en primer lugar, con el desarrollo de la conciencia sobre lo que está en nuestro derredor, y consiguientemente con el respeto.

Hace poco tuvimos ocasión de contemplar las caras del profundo sufrimiento humano, producto de la fuerza de la naturaleza, pero también las muchas facetas del cuidado ante un estado de gran vulnerabilidad. El cuidado despierta la virtud humana de cubrir las necesidades de otros, pero también de brindar una atmósfera de soporte emocional, infundir confianza ante el desconsuelo y permitir la expresión de los sentimientos retenidos.

Los sistemas de salud se encargan en gran parte de cuidar a personas, y lo hacen a través del personal de enfermería liderado por profesionales enfermeras y enfermeros. La enfermería, como disciplina especializada en el cuidado humano, tiene la noble misión de dignificar a quienes cuida, desarrollar el ideal moral y encontrarse con el otro en una relación terapéutica mutuamente enriquecedora. Si aceptamos el ideal del cuidado humano como algo tan necesario como valioso, aceptaremos también que las instituciones han de fortalecer las condiciones de trabajo para la enfermería.

El ser enfermero no puede explicarse a través de una lista de tareas clínicas o procedimientos, puesto que se ha relacionado desde sus orígenes con los valores de servicio basado en el conocimiento, la dignidad y el desarrollo de sí mismo como instrumento terapéutico. Estos valores dan soporte a su vocación.

Entonces, aceptaremos también que el lenguaje economicista no es suficiente ni adecuado como prisma para evaluar el cuidado. ¿Cómo podría medirse la eficiencia de la preocupación o de la confianza?, ¿Cómo poner un precio a la complicidad, la sinceridad y la compañía?, ¿Cómo valorizar el disfrute estético de contemplar la benéfica acción humana?, ¿Cómo cuantificar el beneficio del consejo cuando tenemos miedo, el dar sentido al dolor o incluso el respeto por el cuerpo inerte?

Este 2010 fue declarado Año Internacional de la Enfermería. Hagamos una pausa. Valoremos el cuidado, valoremos a nuestros enfermeros y enfermeras.

Ricardo Ayala Valenzuela.

Publicado: 16/04/2010

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